CAPITULO 22: Nequam (Sin valor)

 

Nequam

 (Sin valor)


Nailah Salem, Seguidora de Set
Nailah Salem

Nailah, la Seguidora de Set, y Shukura, una de sus ghoules, ven a lo lejos la vieja Jerusalén. Esperan pacientemente hasta que Fukaina, otra ghoul de Nailah, les informa.

Todo está tranquilo y hay vía libre para entrar a la ciudad. Se ha encargado de sobornar a uno de los guardias de una puerta secundaria, la puerta de las basuras, situada al sur, la más discreta de las entradas.

Las tres bellas mujeres caminan en la noche y cuando atraviesan la puerta mencionada por Fukaina, el guardia las mira inquietantemente y Fukaina le lanza un beso que lo tranquiliza. Después la mujer mira a sus compañeras y les guiña un ojo.

Ya se encuentran dentro. La ciudad no es especialmente imponente, pero de alguna forma se siente la sangre de todas las conquistas que ha sufrido. La fe navega por las calles incomodando a las mujeres, sobre todo a la líder, Nailah, la domitor de ambas ghoules.

Shukura, ghoul de Nailah

Fukaina señala una dirección y es ella la que guía donde van las tres. Atraviesan el ajetreado barrio judío y sus murallas y se adentran en el tranquilo y asegurado gran barrio musulmán. Se nota que los Señores de la ciudad viven aquí, está claro, los palacios, las construcciones de mejor calidad, las patrullas de soldados musulmanes… y ¿un pequeño templo ante ellas? No es algo muy exuberante que digamos y no se encuentra junto a los demás edificios emblemáticos…

El templo es de planta circular, hecho de piedra muy vieja y pulida. Se encuentra en la zona más olvidada y desfavorecida del rico barrio, está claro que es para no llamar la atención.

–Esto es lo que denominan la Capilla de los Brujos –dice Fukaina– de aquí parten los rumores del refugio de Katja.   

–A partir de ahora, tu guías señora Nailah –dice Fukaina agachando la cabeza y dejando paso a su amada domitora con una ensayada reverencia.

Shukura no suele tener miedo, pero agarra el brazo de Nailah diciéndola:

Este lugar me da mala espina, no creo que Katja esté aquí por su propia voluntad.      

–Estemos preparadas –dice Nailah a sus dos ghoules mientras llama a la puerta.

    

Katja, Tzimisce
El despertar de Katja

Gabriel, el anciano Toreador, Aesir, el joven Tremere y Sven, el neonato Brujah, se encuentran en el interior de la Capilla Tremere de Jerusalén. En la pequeña cámara donde se encuentra el elaborado e imponente sarcófago de Katja, Sire del recientemente difunto Vadjanosz, anatema del clan Tzimisce. 

Recientemente Nahum, Salubri de cuarta generación, en el cuerpo de Mara, Regente Tremere, se acaba de despedir asesinando a Itachi, uno de sus compañeros, ante los atónitos ojos de los tres Vástagos, para desaparecer después tras un portal sobrenatural.

Todos se levantan del suelo, donde se encontraban tras una onda expansiva, consecuencia del cierre del portal creado por Nahum.

Se encuentran desorientados y conmocionados por el asesinato de Itachi, con sus restos aun humeantes. Sin asimilarlo aun, escuchan un sonido metálico dentro del gran cajón situado en el centro de la estancia. A continuación un rugido que proviene del aire y en el lugar comienza a descender rápidamente la temperatura.

Poco a poco el gigantesco sarcófago comienza a abrirse con un crujido peculiar y terrorífico. Todos los presentes controlan su bestia para no huir corriendo de allí, el terror se adueña de la estancia.

La puerta del gran ataúd permanece abierta y en su interior la oscuridad eterna. De pronto de ella emerge una mano blanca y delicada. La acompaña el resto del cuerpo de Katja que sonríe con sus colmillos extendidos.

Su increíble y delicada belleza está a la par de su apariencia de un ser peligroso y mortal. Mira a su alrededor y dice con voz aterciopelada casi ronroneando:

–¿Nadie va a ofrecerme nada de comer?, me muero de hambre…

Justo después de decir esto se eleva unos palmos del suelo, flotando, y comienza a marchitarse a la velocidad del rayo, hasta transformarse en un horrible monstruo que mira al techo de la Capilla con la mirada perdida. Grita en el aire como un verdadero Banshee…

Los personajes la miran atónitos: ¿Quién va a darle la noticia de la muerte definitiva de su chiquillo Vadjanosz?

La respuesta es obvia: nadie.

– ¡Jaroslaaaaaaaaav! –grita Katja con su nuevo aspecto horripilante mientras vuela en círculos por la parte alta de la estancia.

Aesir intimidado extiende su blanca mano cara arriba y en ella prende una palma de llamas que muestra a la Tzimisce de forma amenazante mientras piensa: “¿Qué ocurre aquí?”

–¿Qué quieres de nosotros? –Pregunta Sven, el Brujah varego, mientras se pone el yelmo.

– ¡Jaroslaaaaaaaaav! –chilla Katja cual Banshee sacado de una fabula irlandesa.

–Vadjanosz ha muerto –grita Gabriel dando un paso hacia detrás.

Katja controla su bestia interior y desciende aterrizando suavemente ante los absortos vampiros.

–¿Qué ha pasado con mi chiquillo? –pregunta la recientemente desfigurada Katja mientras sus ojos se iluminan con un fulgor mágico.

–Murió en una batalla contra un Tremere y un Assamita –responde Gabriel valientemente.

–¿Un Tremere? –pregunta Katja pensativa.

–Tu chiquillo se ganó varias enemistades. Acudió a las afueras de Jerusalén para hacer un encargo: asesinar a una Tremere. El chiquillo de esa Tremere y un Assamita estaban acechando y nos atacaron. Mataron a tu chiquillo Jaroslav Vadjanosz. Tanto el Tremere asesino como el Assamita están ahora muertos.

–Murió heroicamente –dice Sven mintiendo descaradamente, ya que lo hizo abrasado sin poder hacer nada por controlar su bestia interior.

–¿Encargo para quién? –pregunta Katja confusa– ¿dónde estamos? –cuestiona mirando a su alrededor desubicada.

–Te encuentras en Jerusalén –responde Gabriel– no sabemos cómo caíste en sopor…

–¿Jerusalén? ¿Cómo he llegado hasta aquí? –pregunta Katja.

–Te trajo tu chiquillo. Quería despertarte y para ello pacto con un cuarta. Fue él que le encargó asesinar a la Tremere –responde Gabriel intentado elegir bien las palabras para no enojar a la Sire de Vadjanosz.

Katja recuerda lo último que sucedió justo antes de caer en sopor. La Tzimisce acababa de diabolizar a su Sire, Janosz. Este recuerdo hace que comience a reír a carcajadas de forma histérica.

El eco de la enajenada risa resuena por toda la Capilla y en su boca recuerda el sabor de la sangre del poderoso y anciano Janosz, su creador. El fulgor en sus ojos se acrecienta y se vuelve color fuego intenso.

–Jaroslav… – dice Katja entristecida mientras cae de rodillas.

–¿Estabais con él cuando murió? ¿Por qué obedecía a un cuarta? –pregunta Katja de forma automática mientras se fija en la palma de llamas de Aesir.

–¡Apaga eso! –ordena la Tzimisce al Tremere.

–¡Apaga tu primero tus ojos! –responde Aesir en el mismo tono mientras mira sus pupilas literalmente encendidas de Katja

–Te encuentras en mi casa. Esto es una Capilla Tremere –dice Aesir.

–Puede ser nuestro dominio, no una capilla Tremere –le replica Gabriel inoportunamente a Aesir.

–Ya hablaremos eso en otro momento… –responde Aesir mirando a Gabriel.

La tensión se palpa en el ambiente mientras Tzimisce y Tremere se posicionan sin mover un ápice su situación…

Cuando de pronto algo rompe la tirantez de la escena. Llaman a la puerta de la Capilla.

–Voy a ver quién es. Si alguien hace algo dale un hachazo –le ordena Gabriel a Sven mientras abandona la cámara.

–Mis hachas hablaran… –añade Sven mientras desenfunda sus afiladas armas.

–Eres vikingo… ¿varego? –pregunta Katja a Sven con voz claramente más calmada.

–Sí, vengo de Constantinopla ¿y tú? –responde y pregunta Sven con decisión.

–Yo soy originaria del Rus de Kiev. Tenemos mucho en común –responde Katja al varego– Como guerreros somos inigualables.

–No tenemos por qué pelear –dice Sven.

–Mi chiquillo acaba de morir… y aun no conozco ni vuestros clanes –dice Katja desconfiada.

Aesir permanece en silencio mientras observa atentamente a la Tzimisce.

–Confía en mi palabra de vikingo… ¡por Odín! –dice Sven.

–¿Cómo te llamas varego? –pregunta Katja.

–Sven brazos de viento. Me llaman así debido a mi velocidad en combate… –farda el vikingo.

–Soy Katja. Tzimisce –se presenta la hechicera.

–Siento la muerte de tu chiquillo Jaroslav. Nosotros le conocíamos como Vadjanosz. Era un gran guerrero. Me ayudó… –dice Sven.

Más calmada Katja apaga el candor de sus ojos de fuego y Aesir hace lo propio con su palma de llamas.

 

Gabriel, Anciano Toreador
Reencuentro

Gabriel anda con paso decidido hacia la puerta de la Capilla y la abre de par en par para ver un grato espectáculo: tres bellas mujeres de tez blanquecina aguardan al otro lado.

El imponente Toreador, con sus ropajes de otras épocas y su elaborado brazo de metal, recibe a las extranjeras con unas curiosas palabras:

–Lo siento, ¡está cerrado! –afirma el Toreador sonriendo a las mujeres.

–No creo que para mí lo esté. Soy Nailah, Setita y sé que Katja está aquí… –responde sorprendentemente la mujer que parece llevar la voz cantante.

Gabriel, con sus sentidos intensificados, percibe la actitud de la mujer, que sin duda, bajo esa apariencia delicada, es hostil. Sin embargo parece que conoce a Katja y por la fuerza de sus palabras puede ser algo muy cercano a la Tzimisce… ¿una aliada?...

–Siento el desorden – dice el Toreador mientras les permite pasar a la Capilla.

Nailah ordena a sus ghoules que le esperen fuera y ellas acatan sin dilación. El lugar impone respeto y lo primero que ve Nailah es el gran esqueleto de dientes de sable que adorna la estancia aledaña a la entrada.

La Seguidora de Set camina despacio unos pasos por detrás del Toreador, que la guía por el oscuro templo.

La mujer es guapa, limpia, porta armas claramente visibles y sus escasos ropajes son de corte Egipcio. Adorna su cara con maquillaje resaltando sus ojos, en homenaje al Dios Ra honrando un ritual antiguo como el Sol, por el cual todo aquel que se pinte los ojos, sea hombre o mujer, será protegido por el todopoderoso Ra. En Egipto todos lo hacen, es una tradición milenaria.

–Hay otra Setita en la ciudad. Se llama Shahara… ¿os conocéis? –pregunta Gabriel a la recién llegada mientras la lleva hasta la estancia donde Katja acaba de despertar.

–No nos conocemos. Pero me agrada que haya más miembros de mi clan en Jerusalén. Somos un clan extenso. –responde Nailah.

Llegan a la cámara de destino. Allí aguarda el enorme y elaborado sarcófago donde Katja acaba de despertar. Del gran ataúd, colocado de pie, desborda tierra que mancha parte del suelo, como si se hubiera abierto recientemente.

Allí tres personas: Aesir, un hombre con túnica y bastón ritual; Un distante Sven, el varego, hachas en mano; Y Katja, con su aspecto de monstruosa Banshee, ahora charlando tranquilamente.

–La señorita Nailah pregunta por vos… –dice Gabriel dirigiéndose a Katja.

–Katja… ¿eres tú? ¿Qué te ha ocurrido? pregunta la Setita mirando atónita a la Tzimisce Koldun.

Ambas vampiresas se abrazan con fuerza y Katja llora sangre mientras le susurra a Nailah al oído: –Mi chiquillo…

Al parecer Katja no es consciente de su nuevo aspecto, pero ve en el rostro de su compañera que algo no va bien con respecto a su apariencia. Como si le costase reconocerla. La inmortalidad no altera la imagen, a no ser que se utilice la Disciplina de la Vicisitud, que por extraño que parezca, Katja nunca ha conocido.

–Tu aspecto… –dice Nailah a Katja acariciando sus rugosas manos.

Katja observa su cuerpo y por primera vez es consciente del cambio de su belleza anterior por un horripilante cuerpo putrefacto. Sin duda forma parte de la maldición por diabolizar a su Sire Janosz. Al parecer no era suficiente con un sopor involuntario…

–Te busque cuando te secuestraron…–dice la Setita con amargura.

–Hace un siglo de aquello… –dice Katja recordando.

–Viajamos durante años por la Capadocia y llegamos a las islas griegas. Allí perdí tu pista –confiesa Nailah– Tras la muerte de mi Sire, me quedé con todo su oro y sus dos mejores ghoules. ¡No sabía que eras Vampiresa!

–No es el lugar ni el momento… si me acompañáis… –interrumpe maleducadamente Aesir. Es obvio que era un emotivo reencuentro hasta que el Tremere lo ha fastidiado.

Ambas vampiresas miran absortas al Tremere, habían dejado de ser conscientes de la actual realidad. Sus recuerdos las habían transportado a hace más de un siglo.

–¿Dónde se refugiaba mi chiquillo? –pregunta Katja incomoda.

–Tenía un dominio –responde escuetamente Aesir.

–Se encuentra en el barrio Cristiano, un oscuro y tenebroso palacete, no tiene perdida –ayuda Gabriel.

–Me retiraré allí con Nailah y continuaremos hablando con más intimidad. –Dice molesta Katja mirando mal a Aesir.

–Gracias Katja, aun no había encontrado lugar para dormir –dice Nailah.

–Soy Nailah. Setita –se presenta a Sven y a Aesir.

–Yo Sven. Brujah –contesta el guerrero varego.

–Aesir, Regente en funciones –responde el Tremere.

–Brujah, he conocido a fieros Vástagos de tu clan –responde Nailah a Sven.

Ambas mujeres salen de la Capilla contentas de haberse encontrado tras un siglo y fuera se encuentran con Fukaina y Shukura, las fieles ghoules de Nailah, que por supuesto no reconocen a Katja.

La Tzimisce si distingue a ambas mujeres. Fue ghoul con ellas en la misma corte hace más de un siglo. Tenían el mismo amo.  

–Es Katja –dice Nailah a sus criadas.

Fukaina se abalanza sobre Katja y la abraza con toda su alma. Como si hubiera reencontrado a un familiar perdido. Shukura sonríe y saluda menos efusivamente a Katja, pero también se alegra de verla, aunque sea con ese marchito aspecto.

Las cuatro mujeres guiadas por Fukaina, la experta callejera. Llegan al dominio de Vadjanosz y Katja ve las banderolas de piel humana ondeando en la noche. A simple vista podrían pasar por tela sucia, pero a ojos de un buen observador, dan la bienvenida al claro dominio de un Tzimisce.

Rebeca, ghoul meretriz de Katja

Katja con solo pisar el lugar, reclama como suyo el territorio. Ahora será su dominio. Al abrir la puerta se topa de bruces con Rebeca, la increíblemente bella meretriz de Vadjanosz, reciente creación ghoul del Tzimisce.

La ahora libre ghoul, otea con la mirada perdida a la horrible Katja. Es como si su antítesis se estuviera mostrando ante ella. Pero por alguna extraña razón, la mujer no la tiene miedo.

–En tu cara reconozco las artes de mi chiquillo… –dice Katja mientras se acerca a Rebeca y la acaricia su angelical y joven rostro.

–Eres Katja. La creadora de Vadjanosz… –dice Rebeca sonriendo mientras tiembla de expectación.

Katja la abraza maternalmente y se muerde los labios para sangrar en la boca de Rebeca con un largo y apasionado beso, que la convierte en su propia ghoul.

Rebeca siente un placer orgásmico durante el sangriento beso. Tras el mismo no hacen falta más palabras. La ghoul enseña su nuevo dominio a su ama Katja y a sus invitadas, que permanecen en silencio observando muy atentas.

Las dos vampiresas se retiran a descansar en un lugar habilitado para ello, donde estarán protegidas de la luz diurna. Nailah ha pedido a Fukaina que cace para ellas. Con una sonrisa en los labios ambas Vampiresas se duermen para descansar durante el prohibido día.

 

Capilla Tremere, Dientes de sable
Mientas en la Capilla Tremere…

Gabriel, Aesir y Sven se observan pensando en la nueva situación en la que se encuentran: solos en una Capilla Tremere.

–¿Qué queréis hacer? –pregunta Gabriel refiriéndose a ellos y la Capilla.

–Fingir que no ha ocurrido nada –responde Aesir muy decidido– Si alguien pregunta por Mara, decimos que se ha ido o que no está disponible, cómo era hasta ahora. Seguimos igual. Tenemos refugio.

Gabriel se despide para retirarse al refugio comunal, mientras Sven decide probar suerte y refugiarse con Aesir, aquí en la Capilla.

Aesir comienza a recorrer la Capilla, conociendo cada estancia y esperando encontrar a alguno de los ghoules de Mara, pero el templo se encuentra vacío.

Entonces decide escribir una nota para que la lean los sirvientes de Mara y la deja sobre el suelo de la entrada. La carta dice así:

“Por circunstancias me he tenido que quedar aquí. Mañana al anochecer nos reuniremos en la sala principal.  A.P.”

 

Katja, Tzimisce Koldun
Y en el dominio Tzimisce…

Katja apenas ha pegado ojo en todo el día. No ha descansado bien, ya que es la primera vez en años que duerme alejada de la tierra de su hogar. Mientras se encontraba en letargo dentro del sarcófago de Janosz, la tierra de su interior lograba que la Tzimisce se encontrara tranquila y descansada a pesar de encontrarse en sopor a brazos de Morfeo. Ayer por la noche no cayó en la cuenta de traerse unos puñados de tierra cuando salió de la Capilla. Y por ausencia de ellos se encuentra físicamente abatida, es la debilidad de los Tzimisce, deben dormir sobre tierra de su patria o de su tumba.

Ahora se encuentra en el domino de su chiquillo que por supuesto a partir de esta noche será suyo. Mueve su dolorido y arrugado cuerpo del camastro hasta un elaborado y pulido espejo donde ve su horripilante aspecto. Sabe que no será fácil moverse por la ciudad si no oculta su imagen de algún modo.

La Tzimisce se mira al espejo y comienza a realizar un ritual llamado: “Porta la máscara de sombras”. Tras los minutos necesarios de concentración y movimientos especiales el ritual vuelve a Katja translúcida, apareciendo su forma oscura y neblinosa y habiendo apagado el ruido de sus pasos.

A Nailah le cuesta ver a Katja pero al fin deduce su nuevo disfraz y la Tzimisce, preocupada bebe la sangre que Fukaina ha conseguido durante el día para ellas. La Setita bebe también de ella contenta de haber encontrado a Katja.

–Necesito hacer algo… –dice Katja malhumorada y el cuerpo dolorido.   

–Yo te ayudaré –responde Nailah.

–¿Sabes?... –continua Nailah– cuando Salem fue asesinado quería haberte adoptado también como mi ghoul, igual que a Fukaina y a Shukura. Ahora que eres Cainita, eres mi igual y te considero mi aliada. Este puede ser el refugio de ambas y te ayudaré a conseguir tu antiguo semblante…

–Mi semblante no cambiará hasta que se pase el dolor por la pérdida de mi chiquillo… –dice Katja con tono lúgubre– en cuanto a este palacete: Es mi dominio. Quiero dejarlo claro. Los Tzimisce somos muy territoriales y debes entender que es una de las pocas cosas valiosas que conservo de Jaroslav.

–Lo entiendo, descuida, sabes que me adapto fácilmente. Simplemente me refugiaré contigo y guardare tu espalda  dice Nailah sin querer dar problemas.

Aparece Rebeca que mira fijamente a Katja interrumpiendo la conversación sin darse cuenta del quebrantamiento de etiqueta.

–¿Qué desea mi Señora de mi? –pregunta Rebeca a la Tzimisce.

–Debes ponerme al día de todo lo que sepas sobre mi chiquillo –ordena Katja.

–Apenas le conocía. No tengo muchas respuestas, solo era su ghoul… tampoco me contaba demasiado. Quiso emplearme para un plan que fue truncado por lo que mi labor se quedó un poco en el aire… –responde sinceramente Rebeca.

–Eres mía. –Asevera Katja– Serás mi responsabilidad, ya que lo fuiste de mi chiquillo. Solo debes serme fiel. No sé porque te eligió pero quiero descubrirlo…

Mientras Nailah, en un segundo plano, ordena a Fukaina que dé una vuelta por la ciudad y descubra la situación local de Jerusalén. Qué respiran sus humanos en las calles.

–Rebeca, ¿eres de aquí? ¿conoces la ciudad? –le pregunta Katja mirando a Nailah y a su ghoul.

–Si mi señora, pero solamente mi barrio, donde vive el pueblo armenio –responde Rebeca.

–Orienta pues a mis invitadas –ordena Katja a Rebeca mirando a Fukaina.

–Prefiero ir sola… –responde automáticamente Fukaina mirando a su domitora Nailah.

Rebeca y Fukaina, ambas ghoules de las Vampiresas presentes, se miran a los ojos y tras superar una tensión inicial, deciden no dar problemas a sus respectivas amas y se organizarán juntas para conocer la ciudad. Parece que ambas mujeres no han empezado con buen pie, como si sintieran ciertos celos cada una por la otra.

Shukura, la otra ghoul de Nailah, espera órdenes también y la Setita le pide que se haga con el palacete y adecente y mantenga habitable el refugio de Katja. La ghoul comienza con sus labores domesticas, es especialista en ello.

 

Aesir Pentagast, Tremere
El sarcófago

Aesir siempre es el primero en levantarse y el último en acostarse. Se despierta una hora antes que Sven. El hechicero tiene la capacidad de sobrevivir con menos descanso y esto le sirve para aplacar sus manías, ya que todos los días tras levantarse, comprueba que lo que llevaba encima al acostarse, está donde lo dejo. Realiza los rituales que le enseñó Ezra para protegerse y medita hasta que el sol se ha ocultado por completo.

Después de sus rutinas se dirige a la estancia donde se encuentra el sarcófago de Katja y limpia cuidadosamente los restos de Itachi, recogiendo sus curiosos ropajes y armas para dejarlos guardados en un lugar que no molesten.

Limpia también toda la tierra del sarcófago que ha ensuciado el suelo y lo cierra admirando sus elaboradas filigranas. Mientras lo hace se percata de que está solo, no hay nadie más en la Capilla, algo que empieza a ser sospechoso.

Sven despierta de su sueño diurno y al ver a Aesir tan activo le pregunta:

–¿Esperas visita?

–Buenas noches Sven. ¿Exploramos un poco esto? –sugiere Aesir al Brujah varego.

–Podemos buscar… sangre –responde Sven pensando en beber sangre.

–Había pensado en mover el sarcófago –dice Aesir.

Sven de Scania, Brujah

Ambos vampiros se dirigen a la cámara del sarcófago de Katja. En ella la temperatura es notablemente más baja. Aesir deduce que hay un espíritu en ella, seguramente guardando el lugar aunque el Tremere no ve runas que lo aten a esta Capilla. Sus grilletes deben ser otros.

Sven y Aesir empujan el sarcófago con cierta dificultad. Es muy grande y pesado. El Brujah se da cuenta de que su Potencia es muy útil en estas situaciones concretas y nota que su Disciplina ha aumentado desde la última vez que la utilizó.

Ambos Vástagos llevan el sarcófago Tzimisce al sótano, Aesir ha improvisado sobre la marcha donde dejarlo. Lo único que tenía claro era que quería despejar aquella cámara aparentemente hecha para meditar, difícil tarea con una enorme tumba Tzimisce en su interior.

Sven ha hecho un sobreesfuerzo empleando su sangre para transportar el sarcófago y ahora se encuentra hambriento. Sus colmillos están fuera y su mente comienza a estar nublada con un solo pensamiento ansioso: ¡Beber sangre!

 

Nailah Salem, Setita
Un intrigante encuentro

Mientras en el refugio comunal, Gabriel se encuentra solo y listo para salir cuando se topa de bruces con un peculiar hombrecillo.

Es un musulmán de linaje persa de baja estatura, entrado en carnes, que luce anillos y otros adornos que indican su posición dentro de la comunidad de mercaderes.

–Por el aspecto y vuestra imponente apariencia vos debéis ser Gabriel, el Toreador. Soy Yusuf, del clan Brujah. Me gustaría tratar un asunto de suma importancia con vos y su grupo…. El vampiro se muestra locuaz, posee una natural hospitalidad que sin duda le hace ganar rápidamente la confianza de Gabriel.

–Ahora mismo no puede ser posible…–se excusa Gabriel.

–¡Oh! ¿es un mal momento? puedo volver más tarde. No puedo dejarlo para otra noche por que el tiempo juega en nuestra contra…–dice el dicharachero mercader.

–¿Cree que abría la posibilidad de poder reunirnos esta misma noche? –pregunta Yusuf.

–¿Quien te envía y para qué? –pregunta Gabriel escamado por tanta prisa. 

–Alguien importante quiere pactar una ayuda mutua. Seguramente estén interesados… –responde locuazmente Yusuf.

–Está bien. Pero debo buscar a mis compañeros… –dice Gabriel.

–¿En una hora le parece bien? –pregunta Yusuf intentando cerrar un trato con el Toreador.

–Bien. Nos veremos en una hora –responde Gabriel mientras el Brujah le da firmemente la mano. Y ambos vampiros se despiden dirigiéndose Gabriel raudo hacia la Capilla

 

Jerusalén 1197 d. C
Desencuentro y acuerdo

Katja, traslucida gracias a su ritual y Nailah se presentan en la puerta de la Capilla para recuperar el sarcófago de la Tzimisce. Allí se encuentran con Gabriel que sonríe al ver a las vampiresas. Se saludan y charlan sobre que les ha traído a la Capilla.

–Tengo una conversación pendiente y vengo a por mí ataúd –dice Katja a Gabriel.

–No conocí mucho a tu chiquillo pero tengo claro que intentaba sacarle del sopor a toda costa. Y que estaba muy mal visto en su propio clan… Debería estar más calmada que ayer y le daremos los detalles que precise… –dice Gabriel amablemente pero sin ningún tipo de tacto sacando el tema.

–No podrá negar que todo esto es muy extraño… me despierto en una Capilla Tremere, en Jerusalén, lejos de mis tierras, rodeada de un Toreador, un Brujah y… ¡un Tremere! –dice Katja increpada con Nailah a su lado.

Aesir y Sven, colmillos fuera, abren la puerta de la Capilla saludando a los presentes. Gabriel al ver los colmillos del Brujah se ofrece a ayudarle a alimentarse antes de que haga ninguna estupidez. Es peligroso estar hambriento. La bestia deseará salir a campar a sus anchas y beber a borbotones todo lo que se presente en su camino…

–Podéis hablar mientras acompaño a Sven a cazar…–dice Gabriel.

Sven mira a las mujeres sin apenas poder pensar en nada más que en la Vitae que ansía. Ambos Vástagos desaparecen en las oscuras calles del barrio musulmán.

–Venia a hablar sobre mi sarcófago… –dice Katja dirigiéndose a Aesir que aun no les ha invitado a pasar.

–Lo he bajado a los sótanos. –replica el Tremere a la Tzimisce.

–¿lo has bajado a los sótanos? –pregunta Katja sin entender la razón por la que el Tremere ha hecho eso.

–Enviaré a unos humanos para que se lleven el sarcófago de ahí abajo. Quizás si no lo hubiera bajado sería más fácil sacarlo de aquí… –dice Katja malhumorada.

–Disculpa. Ningún humano entrará a la Capilla Tremere. No se lo permitiré. –replica Aesir dejando clara su postura.

–Será una operación rápida y sencilla. Los humanos… –insiste Katja mientras es interrumpida por Aesir.

–No me vas a decir lo que debo hacer en mi Capilla. Podía haber tirado la tierra Tzimisce que alberga en su interior y no lo he hecho. No entraran humanos a la Capilla. Es mi última palabra–dice Aesir.

–¿Es así como quieres hacer las cosas? –pregunta Nailah amenazante. Hasta ahora la Setita ha permanecido en silencio pero al ver que el Tremere no muestra más que inconvenientes para sacar el sarcófago no puede evitar defender a su amiga Katja.

–Este es mi dominio –dice Aesir mirando fijamente a la Seguidora de Set y a punto de cerrarle la puerta en las narices.

–¡Tus estupideces te llevarán a la muerte! –advierte la Setita al Tremere.

–Déjame ver mi ataúd. Necesito coger tierra de su interior… –pide Katja a Aesir.

–Seguidme por aquí –dice Aesir abriendo la puerta para que ambas mujeres entren.

Las dos vampiresas siguen al Tremere en un silencio incomodo. Llegan donde está el sarcófago, en una alacena llena de trastos. Katja obvia la falta de respeto hacia ella por haberlo bajado aquí sin permiso y lo abre cogiendo un par de enormes puñados y guardándolos en sus bolsillos.

Tras la sencilla operación regresan mientras Aesir rezonga:

–No te lo tomes a mal Katja. Pero venís exigiendo en mi refugio…–se excusa Aesir.

–¿A mal? Tu eres Tremere y yo soy Tzimisce y me despierto en una Capilla de tu clan –dice Katja manteniendo la compostura– No sé la razón. Desconozco los acuerdos de mi chiquillo, pero debía tener una deuda para estar yo aquí. Estoy en territorio enemigo. ¡No te debo nada!

–La deuda que tenía tu chiquillo ha quedado saldada con su muerte definitiva. –responde Aesir– Soy el Regente de la Capilla y no tengo que dar explicaciones sobre a quién dejo entrar en mi dominio.

–¿Eres el Regente? –pregunta Katja sorprendida.

–En funciones… –responde Aesir improvisando. La Tzimisce sabe que el Tremere miente.

Ambos Vástagos discuten acaloradamente sin llegar a ningún acuerdo.

–¿Me hará llegar a mi dominio mi ataúd con la tierra que contiene en su interior? –pregunta Katja con cierto tono de hostilidad.

–Así lo haré. Buenas noches y tengan una agradable velada –sentencia Aesir y cierra la puerta de la Capilla con un portazo.

Mientras, Gabriel y Sven cazan tras la muralla exterior. Solamente unos conejos que apenas sacian el hambre del Brujah que pregunta si pueden cazar más. A lo que Gabriel le responde que ha quedado con alguien importante y deberían irse ya.

Gabriel y Sven regresan para encontrarse con Aesir y se topan con Katja y Nailah que vienen de la Capilla.

–Tengo ganas de reducir la Capilla Tremere a cenizas –le dice Katja al Toreador.

–Esa Capilla es lo menos Tremere que verá nunca –dice Gabriel con un tono de voz muy serio. Tanto que hace que ambas mujeres piensen en sus palabras.

–La Regente de la Capilla se ha ido –dice Gabriel.

–Pues Aesir se la ha agenciado –dice Katja encendida.

–Tenía algo que proponerles bellas damas… –dice Gabriel– un Brujah quiere llegar a un acuerdo conmigo y mis compañeros. Deberíamos ir a verle al barrio Cristiano donde he quedado con él. Llego tarde. Acompañadme a la Capilla…

–No creo que el nuevo “Regente” quiera que volvamos… –dice Katja.

Gabriel convence a las mujeres para crear concordia entre ellos y las invita al interior de la Capilla.

Una vez todos juntos Gabriel explica la situación a Aesir y propone que o están juntos en esto o Jerusalén acabará engulléndolos como ha hecho con tantos Vampiros durante eras. El anciano Toreador intenta unirlos con sus palabras:

–Todos lleváis relativamente poco en Jerusalén. Si no permanecemos unidos Jerusalén nos comerá. Hemos luchado contra demonios, ¡contra un Golem hace poco!… ¿y todo para acabar muriendo por no saber sobrevivir unidos?

–¿No hay Príncipe? –pregunta Katja al ver la falta de autoridad.

–No hay –responde Gabriel– hay varias facciones y múltiples barios cada uno con su estructura de poder desconocida…

–¿Os parece bien si de momento permanecemos unidos? –pregunta Gabriel.

–Estoy dispuesta a beneficiarnos mutuamente. Si mi chiquillo Jaroslav estaba aliado a vosotros… seria por algo. No me lo estoy encontrando nada fácil –concluye Katja.

–Yo doy mi apoyo de confianza –dice Nailah mirando a Katja.

Sven acepta la peculiar aventura, si no lo hiciera iría en contra de su naturaleza. Aesir acepta de mala gana pero lo hace por las palabras tranquilizantes de Gabriel, parece un Toreador de buen juicio.

Gabriel describe a los presentes su encuentro con Yusuf, el Brujah.

–He tenido tratos con otros Brujah. Tuve una amiga del clan. Hace tiempo que no la veo. Aunque también tengo cierta rivalidad con una Toreador –Dice Katja mirando a Sven, que no la hace mucho caso y después dirigiéndose a Gabriel.

 –No perdemos nada intentándolo. Será un buen comienzo para limar asperezas. De veras creo que seremos más fuertes juntos, como una facción independiente. Y como tal deberíamos empezar a estrechar lazos con Vampiros importantes de Jerusalén. Y ahora tenemos la ocasión perfecta para comenzar con Yusuf…–dice Gabriel.

–¿Cuando has quedado con ese Brujah? –pregunta Aesir.

–Hace un tiempo. Llegamos tarde… mil y poco años tarde –bromea Gabriel con su edad para quitarle hierro a la reciente tensión.

Aesir acaba de recoger unos libros de la biblioteca y los cinco no muertos se dirigen al barrio cristiano, al refugio comunal donde Gabriel ha quedado con el misterioso Brujah.

 

Yusuf, Brujah
Yusuf el Brujah

Una vez en el interior del refugio comunal, los Vástagos se encuentran con el peculiar mercader. Cada uno de los vampiros se presenta y Katja aprovecha su horrible aspecto y no dice su clan, para de esta forma el descocido Brujah pueda confundirle con un Nosferatu. Tras presentarse todos los personajes, el Brujah hace lo propio y comienza a hablar:

–Soy Yusuf, del clan Brujah. Soy anfitrión de los musulmanes que luchan contra los cristianos por el control de Jerusalén y las tierras circundantes.  Mercader de profesión, tengo negocios por toda Palestina. Estoy orgulloso de usar las facultades que Alá y mi Señor me han concedido. He sido un activo muy útil contribuyendo sustancialmente a éxitos militares árabes bajo el mandato de Salh al-Din. Tras su muerte quien sabe lo que Alá nos tendrá preparado… –el Brujah mira al techo pensando en su deidad.

–Tengo curiosidad por cómo has conseguido saber cuál es nuestro refugio y de qué nos conoces…  dice Gabriel mirando fijamente al hombrecillo.

–Mi señor tiene ciertas fuentes Nosferatu… –responde Yusuf– precisamente de un contacto Nosferatu he obtenido cierta información delicada. Vadjanosz, el Tzimisce y Rashid, el Assamita, han muerto y Mara, la Tremere ha dejado Jerusalén para siempre. Mi fuente Nosferatu, digamos que tenía los ojos y los oídos muy cerca vuestro, con lo cual vosotros también debéis estar al tanto de estas noticias…

–Obviamente, ¡estábamos allí! Pues sí corre rápido la información… –dice Gabriel con tono suspicaz.

–La información es poder –puntualiza Yusuf.

–El tráfico de esclavos siempre ha sido un negocio fructífero –continua el Brujah cambiando de tercio– En la noche, el tráfico de ghoules es también un mercado, poco conocido, pero igual de rentable. Al fin y al cabo son humanos mejorados y formados en asuntos de la Estirpe y en cómo satisfacer a un Vástago. Algunos están a un paso de ser abrazados, de hecho muchos de ellos serian grandes vampiros, mejor que muchos humanos. Puede que alguno de vosotros fuerais ghoules antes de ser abrazados…

Katja, entre sombras, y la silenciosa Nailah se miran cómplices y sonríen.

–El domitor que compre un ghoul “reconducido”, se ahorrará mucho tiempo y esfuerzo. –Dice Yusuf locuazmente– Tendrá a alguien formado y competente, eso sí, versado seguramente en las costumbres de otros clanes, pero eso puede ser muy positivo, ya que puede tener conocimientos muy útiles para su nuevo amo.

–Hay señores que compran esclavos para después soltarlos, si estos se lo ganan. –El Brujah mira a todos los presentes con mucha atención– Mi señor, es de esos, por eso matarlos no es una opción…

–Les ofrezco un trato. Me conseguís estos ghoules y mi Señor pagará como se merece la hazaña. Un buen precio por los ghoules huérfanos. Como os digo mi benefactor os recompensará ampliamente, con lo que pueda, es alguien, digamos… influyente en Jerusalén.

El Brujah les acerca una lista con unos nombres y les dice que tachen el de Rebeca del documento, por que acaba de ser reclamada. Katja queda perpleja ya que ha sido ella, anoche, cuando la reclamó en el dominio de su difunto chiquillo.

Los nombre escritos son: Amelia, Tobit, Drazen, Goran, Kruno y Salma.

–Amelia y Tobit, ghoules de Mara, ella su aprendiz y el su guardián. Drazen era el criado de Vadjanosz y Goran y Kruno los Szlachta del Tzimisce.  Salma es una criada de Rashid, de la cual no se mucho. Era una aprendiz a la que utilizaba como vigía diurna de su refugio –explica Yusuf mirando el papel.

–Si os preguntáis por qué un Brujah no va de caza tras ellos –continua el Brujah– no es mi trabajo. Soy un mercader, compro y vendo mercancía para obtener un beneficio en la transacción… ¿Qué me decís? ¿Tenemos un trato?

–Sí y no…–responde Aesir– Mara ha desaparecido y también lo han hecho sus ghoules, pero ella no está muerta.

–Sí, mi Señor lo sabe. Como también sabe que no regresará por sus ghoules. –responde Yusuf de forma contundente.

–Rebeca fue reclamada ayer mismo por mí… ¿Cómo puede saberlo tan rápido tu señor? –pregunta Katja a Yusuf.

–Os he dicho que tenemos contactos Nosferatu que por supuesto no desvelaremos… –responde Yusuf altivo.

–Deberá ser un trabajo rápido. En cuanto a los que su domitor ha muerto, al romper su vínculo de sangre comenzarán a no sentir a su Amo. Después de haber querido morir por él, puede que los ghoules se sientan perdidos u hostiles. –Dice Yusuf– Si les damos demasiado tiempo puede que huyan y se busquen otro señor o incluso se suiciden por la desesperación de su nueva condición, si es que entienden lo que les ocurre. Muchos se esconden hasta la muerte. Por eso el tiempo juega en nuestra contra.

–Yo permanezco en Jerusalén más o menos una semana al mes. Es el tiempo justo del que disponen para terminar el trabajo, si tomáis la buena decisión de aceptar. –Dice Yusuf.

El Brujah musulmán es un parlanchín y un Vástago claramente encantador. Se lo ve muy apisonado por defender los intereses de su Señor.

–¿Que pensáis? –pregunta Gabriel dirigiéndose a los demás.

–Una información exquisita –responde Aesir.

–Yo pienso en el pago – dice Katja.

–No debéis precipitaros en expresar vuestro pago –responde Yusuf– si no lo tenéis claro podríais hacer el trabajo e ir pensándolo para decidirlo más adelante. Otra opción, equivocada, sería dejar pasar la oportunidad que no volverá.

–Como os decía, mi señor es alguien influyente que tiene la capacidad plena de ayudar a alguien recién llegado a Jerusalén como vosotros –dice el Brujah.

–¿Supongo que se nos pagará en proporción al trabajo? –pregunta Gabriel.

–No debe usted dudar de ello. Noble Toreador –responde Yusuf haciendo una exquisita reverencia.

–Has esquivado responder quien es tu Señor… –dice Katja.

Yusuf mira fijamente a Katja sonriéndola pero sin soltar prenda.

–Yo, como recién llegada, te ayudaré en lo que necesites… –dice Nailah a Katja, mientras la Tzimisce asiente satisfecha.

–¿En cuanto a dónde buscarlos? –pregunta Aesir.

–Palacete Arista, la Capilla Tremere y en cuanto al refugio de Rashid es una incógnita… –responde rápidamente el Brujah.

–Detecto algo que no os convence… ¿quizás? –pregunta Yusuf a la ensombrecida y desconfiada Katja.

–Alguien qué sabe más de mí que yo misma… –responde Katja.

–La información que se posee es proporcional al tiempo que llevas en la zona –dice Yusuf– ¿llevas mucho en Jerusalén? –pregunta retóricamente el Brujah– imagina pues cuanto lleva mi Señor…

–Vadjanosz era mi chiquillo –dice Katja a Yusuf dejándolo sin palabras.

–Entonces, mi señora, debería preguntarse si tras la muerte de su chiquillo necesita más aliados o enemigos… –dice elocuentemente Yusuf – si decides escupir la mano que te tiende mi Señor o por el contrario decides estrechar lazos con alguien influyente y poderoso en Jerusalén…

–Como entenderá, tengo cierta consideración hacia los ghoules de mi chiquillo –dice Katja.

–No puedes mentirme, Tzimisce. Si le hubieran interesado los ghoules de su chiquillo, ya estarían en sus filas… –dice Yusuf metiéndose en territorio peligroso– ¿me equivoco? No le interesan. Lo sé.

Katja sonríe al Brujah en silencio mientras el Tremere toma la palabra:

–¿Deberíamos firmarlo por escrito? –pregunta Aesir.

–No será necesario. La palabra de mi Señor es ley. –Responde tajantemente Yusuf mirando a Aesir a los ojos.

El Brujah va mirando a cada uno de los Vástagos consiguiendo una respuesta positiva de todos. Finalmente aceptan y en ese momento el Brujah se despide risueño con gran etiqueta.

–Mucha suerte. Espero que nos veamos pronto y con “la mercancía” –dice Yusuf antes de irse.

Cuando el Brujah se va, Aesir le acompaña a la entrada y a solas aprovecha para proponerle algo:

–Me gustaría pedirle algo –dice Aesir– deseo conseguir un tipo concreto de ghoul, especialista en construcción, un Maestro arquitecto estaría bien….

–Podría hacer algo –responde Yusuf– pero hablaremos cuando terminéis el trabajo, si le parece bien.

–Sin problema –contesta Aesir.

–Nos veremos en una semana pues –dice Yusuf mientras monta un bonito caballo rubio de raza árabe. 

 

Sobre ghoules

Aesir regresa al interior del refugio y todos los Vástagos presentes discuten el próximo paso a dar:

–Los ghoules de Mara y los de Vadjanosz, los veo sencillos de atrapar –dice Katja, aun sombría– veo más peligrosa a la ghoul de un Assamita, aprendiz de asesino que puede caminar durante el día.

–Debemos tener en cuenta que cabe la posibilidad de que no encontremos a todos. –Dice Gabriel.

–La Setita nos pude ayudar a conseguir al ghoul Assamita si le damos algún secreto a cambio –propone Aesir.

–Yo había pensado en abrazar a Amelia, la ghoul de confianza de Mara. –Confiesa Gabriel.

–No olvidemos que también es preocupante Rusticus, la Gárgola de Mara –recuerda Aesir– ahora mismo no tiene dueño. Las Gárgolas son esclavas de los Tremere.

–Pero es un Vástago –dice Gabriel– no un ghoul.

Por sugerencia de Katja, deciden empezar a buscar a los ghoules de Vadjanosz, su chiquillo.

Nailah pide la descripción de los ghoules de Mara, la Regente Tremere, para pedir a su ghoul, Fukaina, que busque donde pueden estar, ya que puede buscar incluso de día. Gabriel le da la descripción de Tobit y de Amelia y le dice donde puede ayarlos.

Katja y Nailah deciden irse de caza, dando buena cuenta de dos vagabundos a los que desangran, para después deshacerse de sus cuerpos arrojándolos a las cloacas como deshechos.

Después, Nailah busca en las mazmorras del dominio de Katja unos grilletes por si los pudiera necesitar para inmovilizar a alguno de los ghoules.

Aesir y Sven salen fuera de la ciudad para cazar, el Brujah es un buen rastreador de animales y encuentra un rebaño de camellos. Ambos Vástagos, de forma cuidadosa para no asustar a los animales, beben un poco de sangre de cada uno para no dañarlos y acaban saciando de su hambre no humana.

Gabriel decide visitar una taberna del barrio Armenio. En ella seduce a un par de mujeres de la noche y se las lleva a una taberna cercana. Ya en la habitación bebe sangre de ambas prostitutas, que experimentan el mayor placer que han sentido jamás.

El Toreador las propone volver a encontrarse en el mismo sitio, pasadas unas noches, si quieren volver a sentir lo mismo una vez más. Las mujeres aceptan sin pensarlo dos veces, el beso de un vampiro es algo que no se rechaza jamás.

El Anciano ha bebido de ambas mujeres pero la sangre no ha saciado a penas su hambre, ya que al tener tantos siglos de antigüedad ya no obtiene los mismos nutrientes de la Vitae. Debe beber mucha más cantidad del liquido carmesí para saciarse igual que cuando era joven.

Tras la caza los cinco no-muertos se encuentran en el dominio de Katja, en la torre Arista. Aesir, Sven y Nailah tienen repleta la reserva de sangre de sus cuerpos y esto hace que sus semblantes sean menos pálidos y parezcan más humanos, ligeramente sonrojados, como cuando estaban vivos.

Gabriel conoce a Rebeca, la ghoul de Katja, y su belleza hace que el Toreador, sonriente, la admire cual obra de arte viviente. Pero es capaz de controlarse en cuanto a sus emociones y puede desviar su atención a otra cosa que no sea la atractiva meretriz de Katja.

 

Torre Arista, dominio de Katja,
barrio cristiano
Charca de secretos

Katja decide hacer un ritual para buscar a los ghoules de su chiquillo. La Tzimisce los conoce y mediante su hechicería puede encontrarlos mágicamente. Los Koldun sabios vigilan con regularidad a sus servidores y aliados, prestando atención a cualquier señal de traición y engaño. El ritual se llama: “Charca de secretos” y ayuda a Katja en la labor de vigilancia, proporcionando un medio de espiar sin ser vista, único y seguro. 

Para realizarlo Katja, vierte agua con sal sobre el suelo y extiende sus manos sobre la charca de agua salobre sin tocar la superficie. Segundos después aparecen varias ondas que aclaran el agua, desvelando una escena del presente de una determinada persona o lugar. En este caso busca a los tres ghoules de Vadjanosz, seguramente estarán juntos.

Aesir no quita ojo a la Koldun, ya que ambos utilizan diferentes tipos de magia pero si presta atención quizás algún día pueda hacer este ritual con su Taumaturgia. Así que el Tremere no se pierde detalle de todo lo que la hechicera Tzimisce hace.

Drazen,
Criado de Vadjanosz

La escena que aparece en el agua, pertenece inequívocamente a un callejón de un barrio muy concurrido de la ciudad, uno de baja estofa, ya que la suciedad, las ratas y la basura se ven por las esquinas. Es algún lugar del barro Armenio.

El carruaje de Vadjanosz se encuentra semioculto en un callejón sin salida.  Drazen, el mayordomo de Vadjanosz, se ha llevado allí a Goran y a Kruno, los matones Szlachta del Tzimisce.

Los ghoules Tzimisce esperan fielmente a su amo, la caída de su vínculo bien podía ser una prueba de su domitor. Drazen no está dispuesto a fallar a su Señor y doblega violentamente a los dos Szlachta para que permanezcan a su lado, esperando el momento adecuado.

De pronto los tres ghoules se arrojan al suelo ante la visión de su Señor Vadjanosz. Es el último aspecto que tuvo, así que Katja no es capaz de reconocerlo hasta que Gabriel le dice que es su chiquillo.

¡Pero Vadjanosz está muerto!... debe ser un impostor que se hace pasar por él para engañar a los sirvientes. 

Goran,
ghoul guardián
de Vadjanosz

Vadjanosz, alagando a sus “amados” siervos, se raja la muñeca y vierte sangre negra y pútrida que cae sobre las bocas de los tres sirvientes, afianzando así los vínculos hacia él, sea quien fuere.

Gabriel, Nailah y Sven deciden ir al barrio Armenio para buscarlos ahora que deben estar allí. No saben cuál es el lugar exacto pero lo buscarán entre los tres y malo sería no encontrarles.

Mientras Aesir y Katja se quedarán viendo la información que la charla les pueda arrojar.

Mientras no ven nada especial, Katja decide realizar otro ritual, después podrá retomar la visión de los ghoules Tzimisce por el momento la charca deja de emitir la imagen de los sirvientes espiados. Aesir observa en silencio todos los movimientos de la Koldun.

 

El barrio Armenio

Gabriel guía a Sven y a Nailah al barrio Armenio, acaba de estar allí cazando. Los tres husmean juntos en los sucios callejones y encuentran el carruaje escondido en el callejón sin salida.

Se encuentran en el lugar de la visión del ritual de Katja, pero aquí no hay nadie. No pueden haberse marchado hace mucho.

Lo que ha ocurrido es que con su negra y enfermiza sangre en sus organismos, los energizados ghoules, siguen fielmente a su señor por las calles del barrio Armenio. Les lleva por pasadizos abandonados, sótanos inservibles y cloacas secundarias.

Pero ésta es información que los tres Vástagos no son capaces de conseguir, ya que Gabriel pisotea la escena que contenía pruebas de a donde se habían dirigido los ghoules Tzimisce.

Mientras en el dominio de Katja, Aesir vuelve a fijarse en todo lo que hace la hechicera Kouldunica, que no le importa que el Tremere fisgue como hace sus rituales.

Esta vez Katja efectúa el ritual de “Lazos que atan”. Para ello la Tzimisce sale al descuidado jardín y coge unos puñados de tierra seca. Ya dentro, derrama tres litros de su sangre sobre la tierra e ingiere después el barro resultante de la mezcla. Esto le sirve para que durante las tres noches siguientes cualquier intento de utilizar su Hechicería Koldúnica le sea más sencillo de hacer. Pero esto es algo que Aesir no sabe, ya que Katja calla tras ingerir la sangrienta mezcla sin dar explicaciones al curioso Tremere.

Kruno,
ghoul guardián
de Vadjanosz

Katja retoma el anterior ritual y pasa su mano por encima de la charca con lo que regresa la visión de los tres ghoules. Pero esta vez se ve todo oscuro. Se han debido mover, se encuentran ocultos en algún tipo de sótano, pero no son capaces de vislumbrar con concreción donde están. Tampoco han visto como han ido del barrio Armenio hasta el lugar, con lo que no saben donde se encuentran. Solo ven que están los tres solos, en silencio y quietos pasando desapercibidos.

Los cinco Vástagos se reencuentran en la torre Arista, alrededor de la charca mágica de Katja para ver que muestra esta vez. Con esta tenebrosa imagen en sus retinas los cinco se retiran a descansar. Tzimisce y Setita, aquí, en el nuevo dominio de Katja; Aesir y Sven regresan a la Capilla; Y Gabriel vuelve a su refugio comunal, hace semanas atestado, ahora solamente ocupado por él.

Después de haber salido el sol, mientras todos los demás vampiros duermen, Aesir, como todas las noches, sigue despierto.

Prepara los rituales de protección del sueño y realiza una comprobación de todo lo que lleva encima, para que a la noche siguiente no le falte nada. Es una manía que puede costarle cara si no la hace cada noche.

 

Noticias Tremere

Fukaina, ghoul de Nailah, la Setita, regresa donde su ama con la información que precisa de ella y se ha encargado de encontrar durante la noche de ayer y el día de hoy.

–Mi señora. Sobre el estado de Jerusalén, acabo de venir de tantear los diferentes barrios de la ciudad. Musulmanes, judíos, cristianos y armenios por este orden de relevancia. Cada uno se guarda en su territorio rodeado por murallas de piedra y en cada uno hay intrigas y facciones que hace que haya una tensa calma previa a la tormenta. La tregua firmada por Reyes ahora muertos ha llegado a su fin y se espera la llegada de una cuarta cruzada. Jerusalén es musulmana y ya tuvo que ser reconquistada de los cristianos que entraron aquí a sangre y fuego hace casi cien años.

–En cuanto al otro asunto, me pidió que investigara sobre los ghoules Tremere de la anterior Regente. No fue muy difícil encontrarlos, se encontraban en el barrio judío y eran conscientes de la marcha de su domitora Mara pero no se había roto el vínculo de sangre, eso quería decir que su Señora no había muerto.

–La mujer, llamada Amelia, muy guapa e inteligente, sabía lo que había ocurrido y hablaba con Tobit, un soldado con pocas luces. Al parecer ella quería buscar otro domitor y propone a Tobit su idea: ser ghoules de Shahara, una Setita. Tobit no quiere que la meretriz sea su Señora, no le gusta la idea, prefiere probar con un tal Adam. Amelia respeta su decisión y le dice que le ayudará a que el Capadocio le adopte. Al parecer habían decidido tomar caminos diferentes.

–Ambos se reúnen en el barrio judío, en un cementerio con el tal Adam, el Capadocio. Les espié sobre los tejados aledaños de una sinagoga y desde allí escuche la conversación. Los ghoules y le piden a este hombre con la cara desfigurada por quemaduras, que se haga cargo de la Capilla y adopte a Tobit y a alguien llamado Rusticus. Le dicen que solamente confían que él pueda utilizar todo esto para bien. Le proponen hacerlo en igual condición que antes pero sirviendo ahora al Capadocio. Amelia explica que desea ser liberada.

–El Capadocio se va unas horas para consultarlo con su Sire. En este punto decidí vigilar a los ghoules y no seguir al Capadocio, me pareció demasiado peligroso husmear en una conversación entre dos viejos vástagos, por sus palabras ese parecía que iba a ser el encuentro.

–Adam regresó mientras ambos ghoules permanecieron en silencio en tierra sagrada judía. El Capadocio les dice que acepta el reto. No quiere volver a su aburrida vida enterrado entre papeles viejos. A su Sire le trae sin cuidado lo que haga en su vida personal mientras le ayude cuando le necesite con sus estudios sobre la Torá Negra.

–Amelia se despide de un abrazo de Tobit y de Adam para emprender otro camino en busca de una nueva ama, la Setita del barrio Armenio. Adam le da sangre a Tobit y acoge así al soldado dirigiéndose ambos hacia la Capilla. El Capadocio le pregunta al ghoul por Rusticus, pero éste no sabe dónde está dejando preocupado a Adam y el soldado sale a buscarle por las calles del barrio musulmán.

La información que ha descubierto Fukaina es oro puro, aunque ha sido una mera espectadora, ahora saben el paradero de ambos ghoules Tremere. Nailah se lo agradece y la pide que busque el refugio de un Assamita difunto llamado Rashid. Allí se encuentra su ghoul llamada Salma, una guardiana diurna del asesino. Fukaina sale rauda con su nuevo hueso, uno duro de roer, como a ella le gustan.

–Una cosa es que reclamemos unos ghoules a un supuesto Nosferatu que con ofuscación se está haciendo pasar por Vadjanosz. Estamos en nuestro derecho de arrebatarle los ghoules que está intentando conseguir con engaños –dice Katja– pero otra cosa muy diferente es que Adam, un Capadocio reconocido, acoja a uno de los ghoules Tremere, es legítimo y no tenemos nada que hacer.

–Esto es una carrera contra el tiempo, como dijo el Brujah, ya hemos perdido uno, Tobit, reclamado por Adam –dice Gabriel– nos queda Amelia, puede que aun no haya encontrado a la Setita, vayamos al barrio Armenio y hablemos con Shahara.

Todos están de acuerdo y se dirigen al barrio Armenio a buscar a Shahara, contacto del difunto Vadjanosz. Anoche también estuvieron allí algunos de ellos buscando sin suerte a los ghoules Tzimisce.

Aesir recuerda haber conocido a Shahara y puede guiarles donde se encontró con ella hace unas noches. Gabriel se presta a ayudar pero fracasa estrepitosamente llevándoles y acaban todos perdidos en el barrio armenio. Al fin consiguen llegar a la calle de las meretrices y allí se encuentran con Shahara.

 

Shahara, Seguidora de Set
La ira de Shahara

Todos los ojos del barrio Armenio escrudiñan a los personajes hasta llegar a Shahara, la meretriz Setita.

Se encuentran en una modesta villa ante una mujer musulmana que apenas llama la atención, a excepción de su firmeza y seguridad a la hora de hablar.

Cuando Shahara ve a Gabriel y a Aesir, rápidamente los relaciona con la muerte de sus dos aliados Rashid y Duyal. Esta herida por la pérdida de ambos

–¿Cuál ha sido exactamente vuestro papel en la muerte definitiva de mis aliados? –pregunta Shahara a bocajarro.

–El destino conjuró para que murieran –responde Gabriel– Duyal se metió con los Tzimisce, tenía algún tipo de fijación con ellos y…

–¿fijación? –pregunta Shahara muy enfadada– ¿con los mismos Tzimisce que le obligaron por la fuerza a vincularse a la Malkavian?...

–Tienes toda la razón…–se disculpa Gabriel– no debieron hacerlo. Dyual fue solo una víctima de sus oscuros designios… intenté hacer algo para que no muriera, pero no lo conseguí.

–Yo también intenté ayudar para que Duyal no muriese –dice Aesir.

–¿Y Rashid? ¿también intentasteis hacerle cambiar de opinión? –pregunta Shahara iracunda.

Los personajes intentan dar explicaciones pero la Setita no escucha sus palabras, preguntándoles que hacen aquí.

–Soy Nailah, lamento tu perdida. –dice la Setita– pertenezco a tu clan. Queríamos saber si Amelia, está aquí contigo.

–Duerme. –responde de forma desagradable sin hacer mucho caso a las tímidas palabras de consuelo de Nailah.

–Compañera de clan –dice dirigiéndose a Nailah y haciendo un gesto con la cabeza– Su señora Mara, la ordenó espiarme en el pasado y cuándo ha venido a buscarme sabía mucho de mí. Me gusta como es. –Dice provocativa hacia Gabriel– Ella está atraída por este mundo de secretos y alcobas. No es ajeno a él, lleva toda la vida entre Tremere…

–Me ha pedido que la acoja como ghoul y he aceptado encantada –apunta Shahara –He adoptado a Amelia, le acabo de dar sangre y está descansando. Nadie le había dejado dormir nunca una noche entera.

–¿Y habría alguna posibilidad de que nos la pudiéramos llevar? –pregunta Gabriel de forma calmada.

–¿De verdad me pedís esto? –responde Shahara elevando el tono de voz– ¡he perdido a dos aliados…!

–¡YO TAMBIÉN HE PERDIDO A DOS ALIADOS! –responde gritando y altamente enojado Gabriel. No es fácil ver perder los papeles al Anciano Toreador.

–…y el destino en consecuencia me ha dado a cambio una ghoul. concluye la Setita mirando a Gabriel amenazante mientras sus ojos se vuelven amarillos como el sol.

–¡¿Es más importante a caso la muerte de tus aliados que la de mis compañeros de grupo?! ¡Eres una falsa! –insulta exaltado Gabriel mientras la larguísima lengua de la Seguidora de Set se alarga y latiguea en el aire de forma amenazante.

La Setita mira a Gabriel conteniendo la bestia interior:

–Por favor iros de mi refugio. Amelia no va a irse con vosotros. Ahora es mi  ghoul. –exige la Setita al grupo.

Se van de la villa y Shahara les da con la puerta en las narices cerrándola con ira. Unos segundos después Shahara abre la puerta y gritando pregunta a los personajes:

–¿Dónde la tenéis?...¡decidme! ¿Qué habéis hecho con ella? –pregunta Shahara fuera de sí.

–¿Quién? ­–pregunta Sven.

–Amelia, no os hagáis los tontos, estaba durmiendo y venís vosotros y… ¡no está! –dice Shahara incrédula.

–Se ha escapado –afirma Aesir.

–¿Podemos ayudarte a buscarla? –se ofrece Gabriel arrepentido por su salida de tono en su refugio.

Shahara pensativa entra rápidamente a la casa. Aesir y Gabriel la siguen sin perder un segundo, mientras los demás esperan fuera.

Investigan en el interior de la casa y en el cuarto donde, según Shahara, descansaba Amelia. No parece haber habido enfrentamiento alguno, la ventana se encuentra abierta de par en par, parece haber huido por su propio pie.

Gabriel toca un pañuelo olvidado de Amelia y con psicometría ve lo que ha sucedido recientemente:

Mara entra en sigilo a la habitación por la ventana. Sin despertar a Amelia le da sangre negruzca que vincula a la ghoul. Después la ordena seguirla y se van por la ventana, sin hacer ruido.

Gabriel cuenta lo que acaba de ver, Shahara cabizbaja no sabe qué decir, ha culpado a los personajes y no habían tenido nada que ver…

–¿Mara aquí? –pregunta Shahara extrañada– me dijo Amelia que se había ido para no volver…¿y esa misma noche aparece para buscarla?

–Creemos que es alguien que también se ha hecho pasar por Vadjanosz –responde Gabriel– Puede ser alguien con ofuscación usurpando las personalidades de sus difuntos dueños.

–¿Conoces a la ghoul de Rashid? –pregunta Aesir.

–Salma –responde automáticamente Shahara.

–Ella es la siguiente… –dice Aesir– ven a ayudarnos a encontrar a Amelia, si tanto te preocupa…

–No quiero morir por una ghoul recién adquirida –responde Shahara con desdén– si merece vivir regresará y si lo hace aquí estaré esperándola. Ya tiene mi sangre en su organismo, está vinculada a mí. Es mi ghoul.

–¿Sabes cuál era el refugio de Rashid? –pregunta Aesir.

–Era un lugar atípico –responde Shahara– si os lo digo me ayudareis a devolverme a Amelia.

–Si ella quiere… –responde Aesir.

–Querrá, ¿no has entendido que la he dado de mi sangre? –pregunta Shahara al Tremere.

–Dinos donde se refugiaba Rashid –insiste Aesir.

–De vez en cuando se quedaba dentro de la ciudad conmigo –confiesa Shahara con pena– pero su refugio se encuentra fuera de las murallas de Jerusalén. Su refugio estaba en una cueva en la ladera del otro lado del valle…

–dice Shahara mientras una lagrima de sangre la recorre tímidamente su blanca mejilla.

–Sabemos dónde está la guarida de Rashid. Y seguramente allí se encuentre Salma, su ghoul –dice Aesir cuando sale con sus compañeros.

Los Vástagos hablan de cuál debería ser su próximo paso. Gabriel quiere buscar a Adam para avisarle y preguntar por Tobit, quizás aun no lo haya reclamado.

–El culpable se está riendo de nosotros –dice Nailah enfadada.

–Si queremos conseguir algún ghoul debemos dividirnos –dice Katja– la mitad iremos donde Adam por Tobit y la otra mitad al refugio de Rashid por Salma. Si el impostor va a alguno de los dos lugares al menos tendremos oportunidades de conseguir el otro.

Katja y Aesir deciden ir a la Capilla a buscar a Adam. Sven, Gabriel y Nailah irán hacia la salida de la ciudad en la dirección el refugio de Rashid. Así lo hacen y acuerdan verse de nuevo después.

 

Hannah,
Ancillae Nosferatu
Hannah, la Ancillae Nosferatu

La Tzimisce y el Tremere van juntos en busca de un mismo fin: encontrarse con Adam, el viejo Capadocio desfigurado.

Una vez en la Capilla, el propio Adam les abre la puerta. Su rostro medio quemado inquieta a los personajes y Aesir presenta a Katja al Capadocio, lo hace como Sire del difunto Vadjanosz. Adam la recibe con entusiasmo, él sabia de su sopor oculto en el sarcófago de la cámara del dientes de sable.

Adam les dice que ahora se encontraba en una conversación con Hannah, una Ancillae Nosferatu que a continuación presenta a los personajes.

La Nosferatu, a pesar de la llegada de los nuevos Vástagos, sigue la discusión que tenia a medias con Adam. Está bastante encendida y hablan acerca de la responsabilidad Cainita para con los que sufren y tardan en morir. Ella cree que la misericordia debería ayudarles a dar el paso hacia estar más cerca de Dios…

Adam  se da cuenta de la presencia de los personajes y para no incomodarles, dejándoles en un segundo plano, decide terminar la discusión excusándose y dejándoles a solas con la Nosferatu mientras va a hacer una rápida gestión.

El Aspecto de Hannah es el de una niña delgada en torno a los quince años, pero tiene la columna gravemente deformada, haciéndole imposible permanecer erguida. Si pudiera enderezarse, los demás advertirían que es más alta de lo habitual entre las locales; Muy probablemente hay un marino bárbaro en algún lugar entre su linaje. Se viste modestamente, mezclándose con los habitantes de cualesquiera de las calles que atraviese.

Hannah, a priori desconfía de los presentes y se calla cuándo no está Adam.

Aesir intenta romper el hielo presentándose como Tremere, ya que hasta ahora solo había dicho su nombre. Hannah recibe la confesión de su clan con agrado.

–Traemos noticias preocupantes para Adam –lanza el anzuelo Aesir.

–¿Preocupantes? –pregunta la Nosferatu picando de lleno.

 –¿No conocerás a alguien de tu clan está secuestrando ghoules? –dice Aesir sarcásticamente.

–¿de mi clan? ¿secuestrando? –pregunta Hannah– permíteme que lo dude…

–Tiene sangre aparentemente enfermiza –dice Aesir.

–No tiene por qué ser un Nosferatu –dice Hannah arrugando el gesto.

–Para que veáis que mi clan no quiere problemas –propone Hannah– decidme en que os puedo ayudar y así os quitáis esa absurda idea de la cabeza.

–Los ghoules son mi especialidad –dice Hannah risueña.

–Quizás podrías hablarnos de algunos de los ghoules que buscamos para que no les hagan daño… –propone Aesir.

–Decidme nombres  reta Hannah al Tremere.

–Drazen, ghoul de confianza de Vadjanosz –dice Aesir.

–Drezen… muy interesante –dice Hannah pensativa– es un espía de un Tzimisce, lleva pasándole información de Vadjanosz y su entorno desde que llegó a Jerusalén.

–Vadjanosz, su antiguo señor esta muerto –dice Aesir a cambio mientras Hannah disfruta de lo lindo con la nueva información.

Katja no puede creer lo que oye. Acaba de descubrir que su chiquillo tenía un ghoul de confianza infiltrado de un enemigo Tzimisce. A la Koldun le dan ganas de aplastar la cabeza de Drazen con sus propias manos, ya no tiene tan claro que lo vaya a entregar al Brujah.

–Amelia. Ya la han secuestrado, pero quizás sepas algo de ella –dice Aesir.

Amelia es la ghoul secreta de un anciano Ventrue, es otra caballo de Trolla dice sonriente la Nosferatu– estáis dando en el clavo con todos ¿eh?

–Su domitora, Mara, se ha ido para siempre –dice Aesir mientras Hannah piensa en sus palabras.

–¿Salma, la criada de Rashid?– pregunta Aesir.

–Es una cazadora diurna de vampiros cristianos. Y una muy buena –dice Hannah– menudas tres figuras…

La niña muy atenta pregunta en qué situación se encuentra su investigación y Aesir le cuenta detalles de la misma. Hannah satisfecha le da las gracias por tanta información y promete utilizarla con mucha precaución.

–¿Puedo ayudaros más? pregunta la Nosferatu.

–Nos has ayudado mucho –dice Aesir– muchas gracias Hannah.

Adam hace aparición y se alegra de ver a Hannah hablando afablemente con los personajes.

 

Adam, Antiguo Capadocio,
Consejero de Mara
Adam, el Capadocio

La Nosferatu se despide de los presentes y se va dejando a los tres vampiros en la Capilla. Aesir dice para si en voz baja: “me caen bien los Nosferatu”.

Adam está desilusionado con lo ocurrido con Nahum, les explica lo que le ha ocurrido con Amelia y Tobit. Les cuenta su decisión de hacerse cargo de la Capilla y sus ocupantes. Su posición de Consejero de la ausente Regente le abala.

Su idea es ser el Regente temporal, hasta que alguien digno, con la experiencia y la coherencia suficiente se haga cargo, entonces le legará el puesto y todo lo que conlleva. No tratará con Tremeres, como hasta ahora. Si vienen, ya verá lo que hace…

–Me parece estupendo. Yo mismo venia a ayudar a Nahum y me alegra que me hables de él –dice Aesir con confianza.

–¿Cómo? No me estoy enterando de lo que habláis…– dice Katja.

–En resumen, todos estamos en el mismo barco –responde Adam.

–¿Sabes dónde están los ghoules de Mara? –pregunta Aesir.

–No lo sé. Tobit salió a buscar a Rusticus, la Gárgola de Mara, la cual desconocemos su paradero –responde Adam– No sé donde se encuentran, pero a partir de ahora esto será así, no pienso ser tan férreo como sus anteriores domitores. Tanto Tobit como Rusticus saben lo que tienen que hacer, y no es un trabajo difícil. Protegerán la Capilla, uno de noche y otro de día. En cuanto a Amelia ha decidido emprender su propio camino y la he liberado de sus responsabilidades aquí. Es lo mejor para todos. Respeto su decisión y deseo que sea feliz en consecuencia. Es lo menos que se merece una mujer con su talento.

–Un Brujah llamado Yusuf ha contactado con nosotros para conseguir ciertos ghoules. –Dice Aesir– entre ellos Tobit y Amelia.

–No conozco a ese Brujah del que hablas –dice Adam– en cuanto a Tobit es ahora mi ghoul, así que no podrás “conseguírselo”. Amelia es libre y deberás proponérselo, no creo que se merezca ser tratada como mercancía.

–Eso pensábamos –dice Aesir.

–Me gustaría pedirte acceso a la biblioteca de la Capilla cuando lo necesite –dice Aesir cambiando de tema.

–Lo tienes Aesir, sin problema –dice Adam con sinceridad.

 –Como diría mi viejo maestro Ezra –dice Katja pensando en voz alta– enigmas dentro de enigmas…

–¿Ezra? ¿de qué conoces tu a Ezra? –pregunta Aesir atónito, ya que también fue su maestro…–ya hablaremos de esto…–dice petrificado mirando a Katja, que sonríe maquiavélicamente.

–Tobit puede ser el objetivo de un vampiro que también busca a estos ghoules. Creemos que para nada bueno –dice Aesir a Adam.

–Llamaré a Rusticus y le diré que busque a Tobit para que permanezcan en la Capilla, será el lugar más seguro para ellos –dice Adam preocupado.

–Amelia es espía Ventrue –dice Aesir.

–¿Amelia? no es posible ¿quién lo dice? –pregunta Adam.

–Una fuente fiable –responde Aesir.

–¿Puedo pedirte otro favor? –pregunta el Tremere.

–¿Podríais hacer llegar, de algún modo, el sarcófago de Katja, que ahora está en el sótano, al refugio de la Tzimisce? –pregunta Aesir mirando a la hechicera, que aun rumia la información que le ha dado Hannah sobre Drazen, el ghoul de Vadjanosz.

–Por supuesto –responde Adam– mis zombis lo harán sin problema.

–Para mi significaría mucho. Es un favor personal –dice Katja al Capadocio–jamás había estado en una Capilla Tremere…

–No es molestia, no os preocupéis –dice Adam.

–Vaya lo que estáis montando en la Capilla Tremere… –dice Katja.

–No lo digáis muy alto –dice Aesir.

–Si podría pedirte yo también, acceso a la biblioteca de la Capilla… –dice Katja.

–Por supuesto –responde Adam– es lo menos que puedo hacer después de la muerte definitiva de tu chiquillo.

–Puedes tratarme como un aliado –dice Katja.

 –Gracias Katja –dice Adam.

–Sven, el Brujah, podría ser el guardián de la Capilla –propone Aesir.

–No es necesario, ya tenemos a Tobit y a Rusticus –replica Adam.

–Igual no devolvemos ningún ghoul al Brujah… –susurra Katja a Aesir cuándo están marchándose tras despedirse de Adam.

Cuando el Tremere y la Tzimisce salen a la calle ambos cavilan sobre lo recientemente sucedido.

–¿lo ves Aesir? –dice Katja– cuando vamos por el mismo camino somos más fuertes…

–Sobre Ezra… quizás no sepas que dicen que ha muerto. Fue a cazar al mismo Tremere  –comenta Aesir con pena.

–Hace más de un siglo que no le veo. Aplaudo su última elección –responde Katja.

–Fui su discípulo y el propio Ezra me regaló su Grimorio poco antes de su último viaje, puede que por eso me lo regalara –confiesa Aesir.

–Empiezo a pensar que no te despertó Nahum… –dice enigmáticamente Aesir sugiriendo que quizás la magia de Ezra tuvo algo que ver.

–¿y si el culpable de todo esto es un Tzimisce? –pregunta Aesir sin obtener respuesta de la absorta hechicera.

–Deberíamos avistar a nuestros compañeros de la asesina a la que se van a enfrentar… Salma, cazadora diurna de vampiros cristianos –dice Aesir mientras se dirigen con prisa hacia las murallas para salir de Jerusalén.

 

Salma, aprendiz de Rashid
El ataque de Salma

Sven, el Brujah varego, lleva cada una de sus hachas en sus fuertes manos y otea el horizonte buscando una cueva como la que la Setita les dijo.

Nailah, la Setita, agachada busca rastros recientes y Gabriel investiga si ve algo que le lleve al refugio de Rashid.

Los tres vampiros se encuentran en la ladera del otro lado del valle, buscando una gruta natural donde encontrar a Salma, la ghoul de Rashid, el difunto Assamita.

Nailah ve a lo lejos un bulto sospechoso tirado en el suelo, parece una mujer envuelta en una túnica parecida a la de su ghoul Fukaina. No puede ser ella, piensa la Seguidora de Set…

Sven se acerca a la mujer arrojada en el suelo.

–¿Estás bien? –pregunta el Brujah a la inmóvil fémina.

–¿Salma? –pregunta Gabriel pensando que pudiera ser la ghoul que buscan.

Un silbido desgarra la fría y silenciosa noche. Es el trayecto de una lanza arrojada con una fuerza descomunal en certera dirección al corazón de Nailah. Viene por la espalda y da en el blanco arrojando a la Setita al suelo por la inercia del gran golpe.

La lanza se le ha clavado en el pecho pinchando el corazón, pero ha tenido suerte que no le haya traspasado por completo el musculo vital. Si no, la hubiera inmovilizado instantáneamente, como a todo vampiro.

El ataque lo está haciendo alguien que conoce la condición de nuestros protagonistas, al que no le hace ninguna gracia que husmeen por el refugio de su señor Rashid.

Sven se da la vuelta y mira hacia el lugar de donde ha venido el ataque. Allí hay una mujer ataviada con ropajes moriscos y tiene una gran lanza afilada en la mano. Y se dispone a utilizarla apuntando a Sven.

Nailah comienza a convulsionarse y se transforma en un ser monstruoso, una Naga, mitad serpiente, mitad mujer. Es una horrible mezcla de seres, sus piernas se han transformado en la parte trasera de una poderosa y gigantesca serpiente. Las escamas amarillas le llegan hasta la cintura y a partir de ella la forma es la de la mujer conocida como Nailah pero ahora con el pelo plateado. 

Nailah en forma de Naga

Gabriel también se gira para, con sus sentidos agudizados, ver perfectamente a su atacante que arroja otra jabalina salivando mortalmente cerca de la cabeza de Sven. La afilada lanza traspasa el aire con una ingente fuerza perdiéndose en la negrura de la noche.

Sven activa su Celeridad y corriendo se dirige hacia Salma blandiendo al aire a Månegarm y Sköll, sus hachas de guerra.

Gabriel, también en Celeridad, se dirige con velocidad inhumana hacia la mujer tirada en el suelo.

El Brujah se encuentra ante Salma y le atesta sendos hachazos. Uno se clava en el antebrazo derecho de la mujer y el otro es el que la mata, ya que se le clava en la cabeza incrustándosele el filo en medio del cerebro, causando al instante la muerte de la ghoul Assamita.

Gabriel voltea el cuerpo muerto de la mujer del suelo, es Fukaina, la ghoul de Nailah. La Setita la había enviado a buscar a Salma, sin saber lo peligrosa que podía llegar a ser. La competente ghoul tiene una daga curvada clavada en pleno corazón.  Parece ser que murió al instante, sin dolor. Sus ojos permanecen abiertos, con expresión de mortal sorpresa.

Nailah ve a lo lejos la cara de su amada y compañera Fukaina, con la que tantas aventuras ha vivido durante décadas. Es una hermana y ahora está muerta. Sus poderosos anillos amarillos se tensan y la Seguidora de Set entra en frenesí, la bestia se descontrola al ver asesinada a su valiosa amiga.

El monstruoso ser sisea y grita rompiendo la quietud del paisaje. Golpea piedras enormes haciéndolas añicos y serpentea en círculos sin rumbo fijo solamente soltando la ira que ahora tiene en su pecho.

Gabriel tiene en sus brazos el cadáver de Fukaina y al ver a su domitora Nailah tan afectada, espera a que se tranquilice de su frenesí y la pregunta:

 –¿Quieres abrazarla? –dice Gabriel a Nailah– acaba de morir, puede que aun no sea tarde para darle la inmortalidad…

–No puedo hacerlo… soy estéril dice Nailah cabizbaja mientras se acerca serpenteando aun en forma de Naga.

Fukaina, neonata Toreador

–¿Y si la abrazo yo y la criamos juntos, como aliados? Su cuerpo aun está caliente –pregunta Gabriel dándole esperanzas a la Setita que daba a su querida ghoul por muerta.

Nailah se lo piensa… no es una sirviente más. Fukaina es alguien especial, siempre lo ha sido.

–Debes decidirlo ya, su cuerpo se está enfriando y puede que si no, sea demasiado tarde… –replica Gabriel esperando la rápida confirmación de Nailah.

–Di que sí. Lo estás deseando –tienta Sven soltando con desdén el hacha clavada en la cabeza de su víctima.

–¡Adelante!... ¡despiértala!  ordena Nailah con alegría en su mirada.

Sven mira el cuerpo de la guerrera que acaba de matar y se le pasa por la cabeza abrazar él a la mujer que acaba de matar y poder tener una chiquilla asesina del clan Brujah. Por supuesto lo hace sin pensar en las Tradiciones ni en las consecuencias que hacerlo sin permiso de su antiguo, en su caso, su Sire Celine.

Gabriel muerde su muñeca y vierte su sangre de quinta generación sobre la boca del cadáver de Fukaina. Nailah, serpentea hasta el lugar y rajándose ella sus arterias del brazo derecho mezcla su estéril Vitae con la sangre de Gabriel, aunque sea para que beba de su sangre de forma simbólica, mezclada con la del Anciano Toreador.

Fukaina empalidecida y fría muestra inerte su bello cuerpo que descansa muerto con la boca llena de sangre de vampiro mezclada…

Cuando de pronto, como dando una gran bocanada de aire, la neonata despierta igual que quien lo hace de una pesadilla, pero esta vez no es un mal sueño.

La chiquilla recién abrazada vomita todo el alimento humano que aún quedaba en su estomago muerto. Lo hace ante los presentes que la observan en silencio trayendo recuerdos de sus propios abrazos.

–Fukaina, llevábamos trescientos años juntas, no podía dejarte marchar –dice Nailah mientras abraza a su confusa compañera envolviéndola con sus anillos amarillos de Naga.

Gabriel pilla a Sven mirando el cuerpo de la ghoul muerta del Assamita. Y le percibe las intenciones.

–¿No querrás abrazarla tu, no? –pregunta el Anciano Toreador.

–Pues me lo estoy pensando –dice el Brujah varego.

–No la conocemos de nada… –dice Gabriel no creo que sea buena idea ¿Tu Sire estaría conforme?

Y con sólo pensar en su Sire, Sven decide no hacerlo. No por miedo, si no porque no cree estar preparado para criar a una neonata habiendo sido él liberado recientemente por Celine. Tampoco cree que le sentara nada bien a su creadora, así que prefiere no meterse en problemas, ni causárselos a ella tampoco.

–Me parece que haces lo correcto –dice Gabriel viendo como Sven se levanta y limpia sus hachas dejando de lado la idea del abrazo de Salma. Y ambos vampiros miran a Nailah y a Fukaina fundidas en un emotivo abrazo.

–¡Somos padres! –dice Gabriel en tono jocoso mientras observa a las vampiresas. El Anciano Toreador se siente realmente realizado y su humanidad crece por momentos ya que ha conseguido que la muerte no separe a tan especiales amigas.

–Era tu ghoul de tres siglos. Seguro que se merecía este regalo –dice Gabriel– si tiene dudas, puedo ayudarte a criarla. Puedo enseñarle a utilizar ciertas Disciplinas y todo lo que creas necesario. Es la primera vez que abrazo a alguien en casi 1800 años que tengo de vampiro. Para mí también es algo especial…

–Eres mía hija. Prefiero tenerte como chiquilla creada por un Toreador que dejar que te coman los gusanos  dice Nailah a Fukaina mientras la besa maternalmente su fría frente.

–En cuanto a Salma, ¿la enterramos y decimos que no la hemos encontrado? –sugiere en Brujah varego mientras arranca la daga curvada del corazón de la asesina y limpiándola se la guarda como trofeo. Hay viejas costumbres que no cambian.

Mientras todos observan a la recién nacida a las Tinieblas, escuchan toser en la dirección del cuerpo muerto de Salma, a quien han dejado de lado.

No pueden creer lo que ven sus ojos. Entre estertores de dolor el cadáver de Salma se convulsiona mientras su piel se quema como si estuviera ardiendo por dentro. Su boca chorrea sangre negra y putrefacta, como la que ya conocen los personajes…

La neonata se retuerce de dolor. Su pelo se cae a mechones y sus huesos crujen y sus dientes se afilan como fauces mientras la transformación se completa. Se está metamorfoseando en un horripilante Nosferatu, que con cara de dolor mira a los personajes atónitos.

Esta noche, en este lugar, dos neonatas han visto la luz de una nueva no vida…

 

Salma, neonata Nosferatu

Nuevo personaje: Nailah Salem, Seguidora de Set

Nailah Salem, la elegida
Preludio de Nailah Salem

Fui concebida como deseo de mi amo, Ahmed Salem. Un ser rico y poderoso que buscaba tener una corte fuerte y letal bajo su mando.

Comenzamos la instrucción un centenar de niñas y solamente una veintena sobrevivimos a la primera prueba. Las torturas solo eran el comienzo, el primer paso de un oscuro plan. Después de semanas de dolor, comenzó la verdadera enseñanza.

Las pruebas a las que fuimos  sometidas eran inhumanas y todas ellas tenían un factor común: el sufrimiento. Muchas veces, mis compañeras terminaban inconscientes de tanto dolor. A mí nunca me ocurrió, la angustia solo acrecentaba mis ansias de demostrar de lo que era capaz.

Aprendimos todo tipo habilidades de combate y supervivencia. Dormíamos de día y entrenábamos de noche. Comer, dormir y sobrevivir, era lo único que hicimos durante largos y agónicos meses. Para esa época, la mitad ya habían perecido por el camino, sirviendo de alimento para nuestro siniestro señor.

Pasaron los años y ya solo quedábamos tres candidatas. Ahmed Salem no pudo elegir entre nosotras y decidió casarse con las tres. Ahora éramos sus esposas, además de sus guardianas diurnas. A pesar de la rivalidad entre nosotras, todo este sangriento camino nos había unido y ahora eran mis compañeras de cama: Shukura y Fukaina eran sus nombres.

Desde ese momento cada una fuimos formadas en diferentes especialidades.  Debido a mi notable carisma yo fui instruida en el arte de la seducción.  Fukaina fue formada en la habilidad conocida como fullerías, aprendiendo como moverse en los barrios bajos y conseguir información en las calles. A Shukura la enseñaron a ser la mejor y más letal guardiana y senescal.

Las tres demostramos ser útiles sirvientas del amo, pero yo era su favorita, quizás por mi frío temperamento o por mi personalidad sociópata. Ambos coincidíamos en los comportamientos antisociales, si no era para conseguir un fin.

Entonces conocí a Katja, era hermosa y salvajemente intrigante. Algo me decía que no era como las demás y lejos de ver una insana rivalidad, conectamos con ella acogiéndola como compañera en palacio. Mi atracción hacia Katja era reciproca y ambas sabíamos que nuestros futuros estaban ligados, era algo más que un deseo mutuo.

 

Ahmed Salem, Sire de Nailah
El abrazo

Años después el amo había tomado la decisión de elegirme para dar el glorioso siguiente paso: el abrazo. 

Los sirvientes me llevaron a un lugar prohibido hasta entonces. El templo se encontraba oculto bajo el palacio, escondido tras un impenetrable laberinto. Ya en una cúpula abovedada, me esperaban un grupo de monjes encapuchados que rodeaban un altar vacío, que guardaban para mí.

Lo siguiente que recuerdo es que desperté sobre otro frío altar de piedra, en una exquisita estancia digna de la realeza. 

A penas fui consciente de donde me encontraba cuando mi amo y señor se abalanzo hacia mí y me mordió la garganta. Su rostro era bestial, ojos amarillos, fauces de una gran serpiente y su lengua larga y bífida. Placer y dolor a raudales por todo mi organismo. Aquella noche morí y la oscuridad me abrazó de nuevo.

Desperté y me encontraba en el mismo altar de piedra en el que había muerto. Tenía puesta una larga y sedosa túnica verde esmeralda. No es posible describir la sensación que me embargaba. El mundo que me rodeaba era nuevo para mí. La noche tenía otro color, otro olor, otro sabor… Seguía viva, o eso creía. Algo había cambiado, me sentía poderosa… ¡y me gustaba!

Fukaina Salem,
la cazadora

Mi amo, gracias a su hechicería Setita, descubrió que el abrazo había cambiado ciertos rasgos de mi ser. Mi semblante ya no se reflejaba en los espejos y no podía engendrar descendencia no muerta, como era lo habitual entre los demás Vástagos. Debía ser una mujer estéril en vida y por lo visto, mantuve el defecto en muerte.

Poco después de ser abrazada, Ahmed Salem me inmovilizó atravesando mi corazón con una gran estaca de madera. Después me prendió fuego, lo justo para apagarme en un pequeño embalse de sangre fresca, que poseía en una cueva subterránea. Shukura y Fukaina estaba allí, viendo como mi piel abrasada por las llamas calmaba su dolor con la roja Vitae.

Sumergida en el vital elemento, mis ojos se abrieron y mi boca creció como la de un enorme reptil. Con ella succioné una cantidad imposible de sangre regenerando mi cuerpo poco a poco. Así aprendí a curarme.

Tras la traumática experiencia ritual, volvió la calma. Mis compañeras estaban viendo el espectáculo, junto a mi Sire. La única diferencia era que él disfrutaba y ellas sufrían, como era lo habitual en ese palacio demencial.

Un parpadeo y Fukaina me aseaba limpiando la sangre seca adherida a mi piel. Nos encontrábamos en una estancia apacible, iluminada por velas y decorada con imágenes de Dioses egipcios y pasos al inframundo.

Ahmed surgió de las sombras de las velas danzarinas con una malvada sonrisa dibujada en su pétreo rostro. Se encontraba satisfecho, su chiquilla ya formaba parte de su “familia” y los Dioses la habían bendecido.

Shukura Salem,
la senescal

Las siguientes noches fueron dedicadas por el amo, única e intensivamente a enseñarme la Disciplina de los Setitas: Serpentis. 

Mi Sire me enseñó que nosotros,  los Seguidores de Set, no nos considerábamos a nosotros mismos malditos por ningún Dios. Me contó que Serpentis, nuestra Disciplina, nos fue otorgada por el mismo Dios Set.

La naturaleza de la relación del clan con Set nos impedía compartir los secretos de la Disciplina con otros vampiros. Ahmed se reía de la insinuación de que Serpentis podría representar una maldición de algún Dios. Lo más que llegó a admitir es que nosotros representábamos la serpiente del Edén y que somos una maldición sobre la humanidad, en lugar de estar malditos.

Los Seguidores de Set, decía mi amo, saben que Serpentis permite a los elegidos asumir una semblanza de divinidad. La perfección en Serpentis acerca más a los Setitas a la forma metamórfica de Serpiente que identificamos con nuestro Dios fundador, Set.

Tras mi abrazo inmortal, volví a ver a Katja. Ella también había cambiado. Ascendida entre los esclavos de palacio. No tanto como yo, pero subía rápidamente, a este paso recibiría el abrazo antes que Shukura y Fukaina, sobre las que ya se encontraba.

Sus ropajes ya no eran los de una sirvienta y tenía libertad de movimiento por todo el palacio, algo insólito, que ni siquiera yo tuve antes del abrazo. El amo había descubierto algo en la altiva mujer del norte, que nadie conocíamos y eso la hacía más atractiva aún.  

Me esforcé al máximo para complacer a mi Sire, sabiendo que a él le gustaba como era. También le entusiasmaba lo rápido que aprendía y controlaba la Disciplina del clan, como si hubiera nacido para ello. Desarrollé todo mi potencial y exprimí al máximo sus enseñanzas, convirtiéndome en una Maestra de Serpentis en un abrir y cerrar de ojos amarillos.

 

Puerto de Damieta
La noche que todo cambió

Fukaina, Shukura y yo, fuimos enviadas por el amo a un emplazamiento enemigo para destruirlo por completo. Al parecer habían descuidado sus defensas, oportunidad que mi Sire no desperdició, cayendo de cabeza en una horrible trampa que le costaría muy cara.

Liderábamos un ejército nocturno convocado por Ahmed Salem. Íbamos a dar un gran golpe a sus más odiados enemigos, los hijos de Haquim. Yo personalmente me encargue de enviar buenas noticias respaldando la información que tenía mi Sire, su dominio se encontraba desprotegido.

Masacramos con facilidad a los que allí quedaban, incluso acabamos con la no vida de algún neonato Assamita que guardaba el lugar. El amo estaba exultante y dio rienda suelta a su gozo despreocupadamente. Pero pronto quedó patente que quien había caído en la trampa había sido él. 

Con la ciudad desprotegida, la armada bizantina no encontró obstáculo a su ataque. Fueron tres días de saqueo sin oposición. El asalto al palacio fue sangriento, los bizantinos acabaron rápidamente con cualquier resistencia, ni tan siquiera Katja, la única que se encontraba allí con el amo, pudo hacer gran cosa contra docenas de soldados armados.

Lo último que supe de ella fue que salvó su vida siendo apresada como esclava. Era demasiado útil para desperdiciar su potencial matándola junto a los demás humanos de palacio.

Entre los atacantes bizantinos se ocultaban dos Assamita ante los que el amo no tuvo ninguna oportunidad. Fue asesinado cruelmente por sus filos embrujados por sus hechiceros de Alamut. Cuando regresamos lo encontramos convertido en un montón de cenizas sanguinolentas.

Fukaina, Shukura y yo, regresamos a los restos del palacio que tanto placer y dolor nos había otorgado. Todo estaba encarnizadamente silencioso. Pedazos de  sirvientes adornaban el entorno y nada más que muerte había en aquel lugar. Anubis se había cobrado sus almas y Set lo había consentido.

No sentí dolor alguno ante las cenizas de mi Sire, mi alma estaba aliviada. Como si me hubiera quitado un gran peso de encima, una cadena sobrenatural que me obligaba a amar al amo y evidentemente no era real. Ese vínculo había caído y por fin era libre para pensar por mí misma.

 

Nailah Salem, Seguidora de Set
Libre

Por primera vez, era dueña de mis actos. Adopte a Fukaina y a Shukura como ghoules mías, otorgándoles de mi Vitae y saqueé todas las riquezas que Ahmed Salem tenía en los escondites secretos de palacio.

Hubo algo que me dolió en el alma, y era no haber podido acabar yo misma con mi infame Sire y todo su poder. Sus enemigos Assamita lo habían hecho y ahora sentía que me habían privado de algo que por derecho me hubiera pertenecido. La sangre de mi Sire hubiera sido mía una noche u otra.

Partimos de Damieta, Egipto, dejando atrás el palacio en llamas y un pasado que me forjó tal y como era. El sendero de Set se había aparecido en otra dirección a la de mi Sire, y él no era bienvenido a caminarlo junto a mí.

Sin rumbo ni objetivo, decidí acoger como propio el camino de la venganza. Supongo que la libertad no tiene sentido sin una meta en el horizonte, por muy ilógica que fuera, era lo único que conocía. Toda mi existencia había estado llena de violencia y no iba a acabar ahora por que las cadenas de mi amo hubieran caído.

La caza había comenzado. Nos dirigimos al Norte en busca de Katja, algo me decía que sería una ghoul excelente. Pero nunca conseguimos saber donde fue o si había muerto al no encontrar un domitor a tiempo. Era algo por lo que me sentía en parte responsable, ya que como cainita podía haber intercedido por ella y no pude hacerlo. Y ahora ya era tarde…

Garous,
Descendientes de Anubis

Viajamos durante años por la Capadocia y por las islas de Grecia. Aquellas viejas tierras vieron como libramos duros combates contra varias criaturas de la noche. Entre ellas varios de los llamados Garou, hombres chacal, descendientes de Anubis.

Por culpa de una desafortunada Caza de Sangre en Esparta, tuvimos que huir dirección Egipto. Donde seguimos cazando para no perder la costumbre. Bestias cocodrilo y peligrosos cazadores llamados Seguidores de Horus, adornaron nuestro personal panteón de la muerte.

Nunca buscamos reconocimiento, únicamente cazábamos todo aquello que fuera una conminación para las fronteras sobrenaturales de Egipto y por lo tanto una amenaza para los Seguidores de Set.

Habían pasado muchas lunas llenas y una noche, el nombre de Katja llego a mis oídos. Decían que se encontraba en Jerusalén y que era una Cainita inmortal.

Lo sabía y me alegraba enormemente. Tenía claro que no había muerto, era demasiado astuta. Y era cuestión de tiempo que consiguiera el abrazo de algún vampiro poderoso.

Tenia claro que eran los designios del propio Set, quería que Katja entrara en mi nueva vida, ahora era mi igual que yo, pero… ¿qué clan habría elegido para ser inmortal?

Voy camino de Jerusalén buscando a Katja y con esperanzas de que nuestros destinos se unan de nuevo. Una compañera inmortal para soportar la carga del pesado poder de la noche y la dura responsabilidad que este trae consigo...


Katja, el enigma


Nuevo personaje: Katja Janosz, Tzimisce

Katja Janosz

Katja de humana
Katja la esclava

Kataja nació a finales del siglo VIII. Lo hizo en las futuras tierras del Rus de Kiev. Era hija de un cacique de la tribu de los Dregoviches, pertenecientes a los eslavos del este.

Siendo todavía una niña su aldea fue atacada por una banda de saqueadores extranjeros, que amparados por la noche, secuestraron a muchos de los aldeanos para después venderlos como esclavos.

Fueron llevados al sur, a una ciudad que se extendía tan lejos como alcanzaba la mirada de los asustados cautivos. Katja, encadenada, jamás imaginó que tanta gente pudiese vivir en un mismo lugar, las altas casas de piedra, murallas gigantescas, barcos de todas las partes del mundo, calles abarrotadas de las más maravillosas mercaderías que jamás hubiera visto.

En el mercado de esclavos fue separada de todos aquellos a los que conocía y la vendieron a un mercader, junto con otras docenas de desafortunados.

Viajó durante varias semanas encerrada en la sucia bodega de un barco hacinada junto al resto de esclavos. Llegaron a otro gran puerto. Hacía mucho calor y las lenguas y las gentes eran aún más extrañas y sorprendentes que del lugar de dónde habían partido.

De nuevo expuesta en un mercado, las horas pasaban mientras la mayoría de los compañeros de Katja eran vendidos individualmente o por lotes. Cuando la noche se acercaba solo quedaba un puñado de esclavos por vender. La mayoría de tratantes, clientes y curiosos fue desapareciendo, pero fueron reemplazados por unas siniestras figuras que se arropaban con las sombras.

Cuando llego el turno de Katja, una imponente figura emergió de la oscuridad. Un egipcio ricamente vestido, pero con un aire peligroso, se fijó en ella. Esa fue la primera vez que vio a Ahmed Salem.

El misterioso extranjero hizo un gesto apenas apreciable y Katja, sin saber siquiera cual había sido su precio, fue trasladada nuevamente. Inquietantemente esta vez no fue devuelta a las sucias celdas de los esclavos, sino a una habitación limpia y bien amueblada.


Ahmed Salem,
Seguidor de Set
Katja la criada

Dentro la esperaba una bella mujer de tez olivácea, se presentó como Fukaina, la cazadora, una servidora de la casa de Ahmed Salem. La dio las mejores ropas que nunca había vestido y la guío a través de un laberinto de estrechas callejuelas, hasta llegar a los muros de un gran palacio. Entraron por una pequeña puerta de servicio y fue llevada a las habitaciones de los sirvientes.

Pasaron días, semanas y meses y Katja había perdido el miedo inicial a que hubiera sido comprada para ser violada o cosas peores. Se encontraba en la ciudad costera egipcia de Damieta, uno de los más importantes puertos de todo el país.

Pertenecía a la base de una clara estructura de castas de esclavos y ella cumplía sus labores como sirvienta. A cambio vivía dignamente, recibía ropa y comida mejores de las que tenía en su antigua aldea. Podía disfrutar de ciertos descansos, incluso en los jardines del palacio, pero no volvió a ver a su imponente amo. Las únicas prohibiciones que jamás podría quebrantar, era que no debía tratar de escapar y que al anochecer, todos los esclavos debían encerrarse en sus habitaciones y no salir, pasase lo que pasase u oyesen lo que oyesen.

Paso un año y Katja aprendió la extraña lengua que utilizaban los demás sirvientes, incluso empezó a hacer amistad con otras jóvenes esclavas de palacio, concubinas, sirvientas y pupilas. Todas sabían a penas rumores sobre su misterioso amo, pero ninguna parecía conocerlo realmente, lo cual acrecentaba el interés que Katja sentía por él.

Una noche la curiosidad pudo más que su cordura, y Katja rompió su prohibición aventurándose al caer la noche fuera de las habitaciones de los esclavos. Deambulo por el desierto palacio, solo se oía a los guardias de la puerta. Pero cuando su corazón, palpitante por la adrenalina, empezó a calmarse al comprobar que nadie la había descubierto, empezó a sentir una creciente vibración que reverberaba bajo sus pies, algo sordo y grave que sentía cosquillear bajo ella. A medida que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad podía distinguir un extraño brillo que se colaba tras algunas puertas. 

Fukaina Salem,
la cazadora


Katja inconscientemente y cada vez más intrigada, se guió por la vibración y el débil fulgor hasta unas enormes puertas de madera. Se encontraban en medio de los jardines, donde pasaba tanto tiempo con las demás habitantes del palacio, pero nunca antes había reparado en estas macizas puertas, sin embargo, ahora destacaban contra el cielo nocturno, y un brillo azul se filtraba por las rendijas.

Katja apoyo su mano contra una de las hojas y esta se abrió lentamente, sin hacer un solo ruido. Ahora podía distinguir que la vibración que sentía eran en realidad unos cánticos graves y ominosos que salían de las profundidades de la tierra. Las puertas daban a unos oscuros túneles que se extendían hacia el interior del submundo, pero la luz guiaba a Katja en los recodos e intersecciones. Después de caminar perdida largo tiempo por los pasadizos, llegó a una gran sala abovedada.

Allí pudo distinguir la figura de su amo, algo en ella produjo un pavor instintivo en Katja. Se encontraba rodeado por una docena de acólitos, fuente de los cánticos que la habían guiado. A su lado se alzaba otra misteriosa figura vestida con extraños ropajes.

Paralizada por la visión de su amo, Katja es descubierta y con una velocidad inhumana su amo la apresa.

¡Estúpida chiquilla, incapaz de respetar una maldita norma!, al menos me servirás para algo –la espeta el Setita con voz colérica.

Por primera vez Katja reparó en sus colmillos acercándose a su cuello, mientras la mujer se debatía sin éxito por liberarse de su férreo abrazo. Sintió su beso llenándola todos sus sentidos con una mezcla de fascinación y horror a la vez.

No te precipites, ningún simple esclavo podría haber roto mis sellos y traspasado las barreras como lo ha hecho esta criada, quizás sea más útil de lo que imaginas. Fue lo último que Katja oyó antes de sumirse en una profunda y fría oscuridad. Era una desconocida voz dirigiéndose a su amo Ahmed Salem.

Shukura Salem,
la Senescal

Tras la desafortunada incursión nocturna de Katja, todo cambió muy rápidamente para ella, a sus tareas como criada pronto se añadieron otras obligaciones. Muchas de ellas ya no eran a la luz del día, sino al atardecer y anochecer.

Ahora podía moverse libremente en las horas de vigilia y acceder a las zonas prohibidas del palacio. Fukaina, la bella mujer de tez olivácea que la acogió aquella primera noche que fue comprada cómo esclava, instruyó a Katja en extraños requerimientos cuyos porqués no comprendía. Gestos y símbolos que había que repetir o volver a dibujar antes de que el amo despertase, rituales ajenos incluso a los habitantes nativos del palacio.

Fukaina, era en realidad una especie de cazadora de Ahmed Salem, pero servía a su amo en varias tareas, aunque no se le dieran especialmente bien. Esto sucedía por que el Setita confiaba mucho en su fiel ghoul.

Algunas noches, Katja, también era llamada por Ezra, un brujo originario de Jerusalén. El oscuro hechicero la hacía extrañas preguntas y la enseñaba prodigios maravillosos. Cualquier duda que Katja tuviera acerca de la existencia de la magia pronto quedo disipada por todo lo que el mago la mostraba.

Nailah Salem, la favorita


Aunque sus visitas del Brujo al palacio de su amo eran espaciadas en el tiempo, el viejo judío la instruyo en muchos conocimientos, no sólo místicos sino también de su lengua y cultura. De sus conversaciones Katja concluyó que la relación entre su amo y Ezra era puramente pragmática. Al parecer ambos eran aliados contra otra casa de magos rivales. Ezra cogió cariño a Katja y llegó a advertirla del destino que la esperaba si continuaba por el camino de Set, significase aquello lo que significase para la desconcertada niña.

Los siguientes años pasaron rápidamente, las nuevas obligaciones y horarios nocturnos de Katja la alejaron de casi todas las demás habitantes del palacio, con las que antes tenía relación, además el resto de sirvientes empezaron a tratarla con una respetuosa deferencia que le resultaba agradable pero que al mismo tiempo la excluía de su antiguo mundo. Al parecer había ascendido en la invisible escalera de influencia entre esclavos.

Sus contactos se limitaban a las órdenes que pudiera dar a los criados, las esporádicas visitas de Ezra o a las otras “aspirantes”, cómo las llamaba el amo. Fukaina era el espejo donde Katja trataba de reflejarse, ya que llevaba muchos años con el amo. Katja atendía solicita a todas sus instrucciones y también había otras de su época de criada que habían ascendido a su nuevo estatus aunque con diferentes responsabilidades. Una de ellas especialmente carismática se llamaba Nailah, que se entrenaba día y noche para convertirse en una guerrera útil.

Shukura, era el nombre de la concubina más bella del harén, con la que también se llevaba bien. Las cuatro ghoules llegaron a tener una conexión especial y se ayudaban mutuamente cuando lo requería la situación.

 

Ezra, el Brujo judío
Katja la ghoul Setita

La noche que Katja cumplió los dieciséis años fue llevada por Fukaina ante Ahmed Salem, quien la examinó de arriba abajo, al parecer complacido de ver a la en la mujer en quien se estaba convirtiendo. A una seña suya Fukaina trajo un cáliz de oro exquisitamente repujado:

–Es hora de que seas completamente acogida por la noche. Hora de que abraces todos sus placeres y el poder que te será otorgado. –Dice Ahmed Salem con una voz suave pero poderosa, ordenándola beber– Ezra asegura que no se equivocaba con tu potencial y Fukaina parece que también aprecia tus virtudes…

Mientras Katja bebía aquel néctar divino empezó a deslizarse en los brazos de su amo. Volvió a ver aquellos colmillos que la habían aterrorizado, pero esta vez el miedo se hizo placer. Al despertarse la noche siguiente, Katja no recordaba bien los detalles de lo ocurrido después de beber Vitae de su amo.  Se encontraba desnuda en la cama de Fukaina, y ambas estaban abrazadas. La relación con la cazadora fue desde entonces más intima. 

A partir de aquel día, Katja fue consciente del regalo que su amo la había otorgado, se sentía mucho más viva; Podía sentir la vida palpitando en cada detalle; Se sentía más fuerte, incluso poderosa, y su relación con las demás “aspirantes” se fortaleció.

Ella sabía que ahora era parte de algo mucho mayor, y que sus nuevas “hermanas” eran la familia que había perdido al ser raptada de su aldea. Además, ahora parecía ser respetada por todos los demás habitantes del palacio, cuando se dirigía a los guardias u otros criados esperaba que sus órdenes o suplicas fuesen atendidos inmediatamente.

También empezó a ser instruida en la verdadera naturaleza del amo, en sus nuevos poderes y en un mundo absolutamente oculto para el resto de los mortales.

Las siguientes décadas transcurrieron rápidamente. La relación con el amo se intensifico y muchas noches participaba en sus rituales en honor a Set, que terminaban en celebraciones donde se desataban el éxtasis y las pasiones humanas y no-humanas.

Katja también se sentía muy unida a sus nuevas “hermanas”, y disfrutaba de su nueva posición y poder casi tanto como de las enseñanzas de Ezra.

 

La caída del Seguidor de Set

Sin embargo, una noche todo su mundo se vino abajo nuevamente. Nailah, Fukaina y Shukura, las mejores ghoules de Ahmed Salem, habían sido enviadas por el amo a destruir a sus enemigos. Los muy imbéciles se habían descuidado y dejado al descubierto uno de sus refugios.

El amo utilizó su influencia para enviar a la mayor parte de la soldados de la ciudad y casi todos sus guardias, a una incursión que daría un mortal golpe a sus enemigos, los hijos de Haquim.

Las primeras noticias, llegaron por un mensajero enviado por Nailah, y eran excelentes: casi todos los recursos mortales de sus enemigos habían sido cogidos por sorpresa y masacrados sin dificultad, tan sólo un par de los esbirros algo más poderosos habían representado un cierto desafío. Las tres ghoules habían conseguido cobrarse la no-vida de algún peligroso guerrero enemigo. Sin duda trabajaban bien juntas.

El amo estaba exultante y dio rienda suelta a su gozo despreocupadamente. Pronto quedó patente que quien había caído en la trampa había sido él.

Era finales de mayo del 853 d. C. cuando el puerto de Damieta, prácticamente desprotegido, fue atacado por la armada bizantina, que no encontró obstáculo a su ataque. Fueron tres días de saqueo sin oposición.

El ataque al palacio fue sangriento, los bizantinos acabaron rápidamente con cualquier resistencia, ni tan siquiera Katja pudo hacer gran cosa contra docenas de soldados armados. Utilizo sus encantos para salvar su vida mientras pesaba sonriente en lo que el amo haría a los asaltantes.

Pero lo que ella no sabía es que entre los bizantinos se ocultaban dos asesinos inmortales del clan Assamita. El amo no tuvo ninguna oportunidad, tras dejar que los bizantinos aguantaran el primer ataque, salieron de las sombras y acuchillaron a Ahmed Salem sin miramientos. Sus hojas negras hicieron chillar de dolor al amo y pronto empezó a sangrar por todos sus orificios, vomitando bilis negra, hasta que su imponente figura quedo reducida a un charco de cenizas sanguinolentas.

En aquel mismo instante, un invisible velo cayó de los ojos de Katja y fue consciente de todo lo que su amo la había obligado a hacer. No todo fue malo, o falto de placer, pero Katja no había sido consciente de cuanto había cambiado hasta ese momento, no es que odiase a su antiguo amo, pero toda su fascinación y respeto por él habían desaparecido por completo. Se sintió agradecida por ello hacia los asesinos de su domitor.

Katja, una vez más, presa se dejó conducir, con el resto de cautivos, por los soldados bizantinos de vuelta a sus barcos. Utilizo lo que le restaba de sus poderes para evitar ser maltratada y pronto se convirtió en la favorita del capitán del barco.

Rumbo de vuelta a la gran ciudad de la que había partido hacia Egipto hace tantos años, Constantinopla. Cuando el barco atraco en el Cuerno de Oro, Katja no tuvo mucho problema para convencer a su capitán para que la llevase con él a su casa, tampoco de convencer a su mujer de que podría ser bueno compartir el lecho, a fin de cuentas era lo suficientemente grande para los tres.

El capitán y su esposa eran una familia acomodada y con influencias en la sociedad bizantina. Katja sabía que necesitaría pronto un nuevo amo para poder mantenerse joven  ¿y dónde mejor que entre los señores del lugar?...

Katja, consciente de que sin la Vitae de un domitor se vería abocada a un rápido e incomodo deterioro, no perdió el tiempo y sus hospitalarios hospedadores, bien relacionados en palacio, la presentasen a alguno de sus influyentes amigos. Pronto se descubrió admirando a un fiero Vampiro, parecía ser un guerrero del norte, quizás oriundo de las tierras que vieron nacer a Katja casi un siglo antes.

 

Katja la ghoul Brujah

Enn, cómo se le conocía, aunque su verdadero nombre era Enny Leck, solo se dejaba ver de noche y para quien supiese lo que estaba buscando. Pronto se reveló evidente su pertenencia a la familia de la Estirpe. Sin tiempo que desperdiciar, Katja, preparó un encuentro casual, y disimuladamente se presentó ante el atractivo hombre. Quizás fuese el arrojo o las descaradas palabras de Katja, pero el guerrero norteño, con una sonrisa, aceptó gustoso el ofrecimiento de la ghoul y la acogió sin dudarlo.

Katja sabía que había otros clanes de Vampiros, diferentes a los de su antiguo amo, pero apenas si había oído hablar de los asesinos, de los locos y también de los horripilantes Nosferatu. Pero Enn era de una familia vampírica completamente diferente, la misma fascinante atracción que desprendían los Seguidores de Set, pero con una fuerza y una pasión que enamoraron a Katja casi instantáneamente, iba buscando su Vitae pero encontró más de lo que esperaba, mucho más...

Pronto Katja se convirtió en la más fiel aliada de Enn, ayudándole tanto a buscar los misteriosos artefactos que anhelaba, cómo a sabotear a los “patricios” Ventrue, otro de los clanes vampíricos, uno rival de los Brujah.

El anterior emperador bizantino, influido por los “patricios” había prohibido los iconos religiosos, resultando en la destrucción de muchas de las reliquias que Enn buscaba y poniendo en peligro otras. La madre del todavía menor de edad emperador Miguel III, se había hecho cargo de la regencia y a través de ella, Enn, había restaurado el culto a los iconos. Pronto, sin embargo, Bardas, el tío del emperador y ghoul Ventrue, volvió del destierro, asesinando al primer ministro y recluyendo a la madre del emperador en un convento.

La siguiente década, Katja utilizó todas las artes aprendidas de los Setitas para tratar de ayudar Enn a recuperar la influencia perdida por culpa de sus rivales Ventrue. Casando a la amante del emperador Miguel, llamado “el Beodo”, con uno de sus compañeros de orgías y borracheras, Basilio, ganaron ascendencia en la sociedad mortal.

Enn envió a uno de sus aliados, un guerrero bestial, a acabar con Bardas, pero Basilio demostró ser más hábil de lo que nadie pensaba de un libertino vividor, en realidad un peón de la poderosa Toreador, Danielis de Patras. Basilio fue nombrado co-emperador al año siguiente y asesino a Miguel unos meses después, convirtiéndose en un gran emperador, fuera del control de Enn. 

Tras casi un cuarto de siglo, a pesar del amor que Enn y Katja se profesaban, era bastante patente que sus personalidades y métodos divergían enormemente. Aunque compartían algunos intereses comunes, mientras el Brujah era un apasionado guerrero, Katja estaba más interesada en la hechicería.

Además empezó a sentir una fuerte nostalgia de su tierra. Había sido arrancada hacia un siglo de su añorado hogar. Katja era incapaz de olvidar sus tierras y sus ríos, los olores e incluso el sabor de la turba que rodeaba su aldea. Su país, ahora bajo una aristocracia nórdica, se había convertido en el poderoso Rus de Kiev. Un vikingo, Hrörekr, Rurik, aliado de el Brujah, gobernaba el antiguo país de Katja y ante la insistencia de la ghoul, Enn permitió que ésta fuese cómo su embajadora al norte, para quitarse la nostalgia de regresar a su tierra de origen.

Al volver a su país, Katja sintió inmediatamente una conexión espiritual con la tierra. Ya no quedaba ninguno de sus parientes, ni tampoco eso la importaba demasiado, pero algo telúrico, cómo el maestro Ezra hubiera dicho, surgió del interior de Katja y llorando se dio cuenta de que no podía regresar a Constantinopla con su amo Enn. A pesar de la pasión que sentía por el vínculo con el Brujah, Katja escribió una carta a Enn, empapada con sus lágrimas. En ella la ghoul le explicaba lo que sentía  y que debía seguir su camino. Katja esperaba que guardase esa carta cerca de su muerto corazón.

 

Janosz, Sire de Katja
Katja la ghoul Tzimisce

No pasó mucho tiempo antes de que Katja llamase la atención de un hechicero Koldun, intrigado por la poderosa conexión que la ghoul tenía con la tierra, una capaz de romper el vínculo de sangre con su domitor Brujah. El Tzimisce se presentó cómo Janosz…

Janosz, un vasallo del Voivoda de Nóvgorod, ostentaba su dominio sobre la ciudad de Pinsk, una zona pantanosa pero muy fértil a orillas del rio Prípiat. Sus poderes cómo Koldun proveían a la tierra con abundantes cosechas, que los aldeanos pagaban en sangre. El control de Janosz sobre su rebaño era total y lo que su hechicería no era capaz de doblegar su bestial chiquillo Bogdan lo quebraba brutalmente.

Su refugio era un “castillo”, en realidad un macizo y tosco torreón, pero inexpugnable por el grosor de sus muros y la muralla que lo rodeaba. Situado en un traicionero pantano, protegido por empalizadas y fosos. Guardado por decenas de monstruosos Szlachta y en los fosos, se reservaban cómo desagradable sorpresa los Vozhd, aterradores y mortales ghoules sin mente. En los sótanos del castillo, galerías semi-inundadas conducían a las cámaras secretas del refugio de Janosz y su chiquillo Bogdan.

Katja, acostumbrada a los palacios de Egipto y Constantinopla, a los harenes, mercados y zocos, al lujo y la opulencia en los que había hecho y deshecho gracias a la confianza de sus domitores, se encontró atrapada en una lóbrega mazmorra, humedad, ropas toscas, sirvientes palurdos, comida zafia y cerveza agria.

Bogdan,
hermanastro vampírico de Katja

No ayudaban el despótico trato de su señor Janosz ni la obvia animosidad que le demostró Bogdan, el chiquillo del amo, un guerrero de aspecto antinatural. Katja estaba acostumbrada a los aliados bestiales de Enn, pero Bogdan era monstruoso, cruel y sádico. Se dedicaba a desfigurar horriblemente a los soldados bajo su mando solamente por diversión.

Janosz estaba orgulloso de la siniestra habilidad y del terror que su chiquillo infundía entre “amigos” y enemigos, pero en cuanto a sus capacidades cómo Koldun, Bogdan no podía ser más inepto, este fue el motivo por el que Katja atrajo la atención de Janosz y con ello, todo el rencor y la envidia que podía atesorar el primogénito hacia la nueva ghoul.

La poca paciencia y cruel forma de tratar de Janosz a cualquiera bajo su dominio, era soportada por Katja gracias a la promesa de otorgarle los secretos de la sangre. La hostilidad de Bogdan y sus zancadillas hacían de su vida un infierno, uno donde ella tendría que soportar humillaciones y desprecios continuos.

Aunque a Janosz no le interesaba demasiado si Bogdan torturaba a Katja, había prohibido que se la hiriese, a fin de cuentas necesitaba un ayudante que se ocupase del trabajo tedioso que la hechicería conllevaba. Y en ello Katja era especialmente diligente y sorprendentemente dotada, Janosz estaba muy satisfecho de su elección Un poco de inquina entre chiquillos les mantendría ocupados y centrados en competir por su atención y no contra él.

Las siguientes décadas Katja se aplicó en el estudio de las artes koldunicas y en satisfacer a su señor, pronto se convirtió en imprescindible, demasiado incluso, para continuar siendo ghoul.

Janosz estaba seguro de poseer un refugio inexpugnable, pero necesitaba de otro Koldun para encargarse de cumplir sus órdenes cuando no estuviese, alguien que, a diferencia de Bogdan, tuviera más cerebro que músculos.

 

Katja Janosz, Tzimisce
Katja la inmortal

Su chiquillo era la herramienta perfecta cuando se trataba de infundir terror, pero cuando la sutileza o la diplomacia eran necesarias no podía contar con que sus deseos fuesen cumplidos. Así pues, a finales del siglo IX, Janosz concedió a Katja la inmortalidad.

Katja era pragmática y su objetivo se había cumplido, aun así se vio decepcionada por la forma en que fue abrazada. No es que esperase que Janosz le pidiera su consentimiento, o que fuese a haber una ceremonia formal, pero tampoco la forma fría y despreocupada en que fue convertida al Mundo de Tinieblas.

Janosz necesitaba una herramienta y la fabricó. Aquella noche simplemente la mandó llamar, la desangro y luego le dio de beber su Vitae. Luego fue llevada a las mazmorras, donde los siguientes días completó su transformación. Janosz ni tan siquiera se ocupó de su educación, le dejo la tarea a Bogdan, que disfrutó el encargo…

Si Katja esperaba que su nueva condición supusiese un cambio en su estatus pronto salió de su engaño. Aunque su palabra era ley entre los mortales, para Janosz no era más que un instrumento y para Bogdan, un entretenimiento más resistente de lo habitual, al que torturar sin descanso.

El resentimiento de Katja no hizo más que aumentar año tras año, pero al mismo tiempo se sabía atrapada, necesitaba que Janosz la instruyese en los caminos de la sangre. También tenía claro que su Sire, llegado el momento, no la liberaría de buena gana.

Durante el siguiente siglo, Katja se esmeró en aprender los saberes del Koldun. Actuó cómo su ayudante, emisaria y diplomática. En cada una de esas misiones buscó la forma de escapar del yugo de Janosz, aumentando sus conocimientos y con ellos su poder.

Sin embargo, Janosz no era imbécil, ni ciego, le divertían los fútiles intentos de su chiquilla por liberarse de los lazos que los unían, tanto cómo de la guerra fría entre Bogdan y Katja, pero cada día la ataba más en corto.

El humor de Katja no mejoró al verse recluida cada vez más en el castillo, al menos antes podía escapar, aunque fuese brevemente, del opresivo ambiente al que se veía abocada. Pero con sus tareas, fuera del castillo, restringidas, y la sangrienta diplomacia de Bogdan, infructuosa, se le presento una oportunidad imprevista para Katja: tener su propio chiquillo.


Jaroslav, chiquillo de Katja
Katja la Sire

Aunque no estaba liberada, Janosz no deseaba perder su tiempo en buscar o enseñar a un nuevo chiquillo y menos para tareas mundanas cómo la diplomacia y el correo. Estaba claro que Bogdan no elegiría sino a otro bruto inservible para la tarea, así que delegó el encargo en Katja, dividido entre el hastío de supervisarla y el interés en ver que intriga trataría de llevar a cabo su chiquilla.

Katja, entusiasmada por la posibilidad que el destino le brindaba, buscó un guerrero capaz, quizás necesitase las artes marciales de las que ella carecía. Una noche, en Pinsk, capto su atención el hijo de una familia de la baja nobleza, parecía un soldado que había vivido más de una escaramuza pero lo suficientemente inteligente para tener cierta instrucción.

Además le resultaba atractivo, incluso intrigante. Se acercó a él, presentándose cómo la hija de una noble familia, aunque Jaroslav, cómo se llamaba el joven, se sorprendió por su atrevimiento, pronto se encontró fascinado por la bella mujer. Si Katja hubiera sido doncella, aquella noche habría perdido su virtud, pero estaba lejos de serlo y quien cayó totalmente rendido a los pies de la mujer fue Jaroslav.

Janosz no se mostró disgustado por la elección, a fin de cuentas un guerrero noble capaz y con cerebro podría ser incluso útil para sus propósitos.

Jaroslav, totalmente prendado de Katja, se esforzó para ser merecedor de recibir el Abrazo, aproximadamente sobre el año 1.050 d. C.. Durante medio siglo, Jaroslav estuvo prestando servicio como protector, amante, compañero de su Sire Katja.

También fue mensajero y “hombre” de confianza para el Sire de esta, el cabeza de familia Janosz. Su refugio se encontraba en las catacumbas del castillo de Janosz, pero tras una desafortunada misión cómo embajador de Transilvania, en la que acabó diabolizando a una Ventrue y a un Tremere nada menos, decidió regresar a lamerse las heridas junto a Katja.

Janosz no estaba nada impresionado con su actuación y no perdía oportunidad de recordárselo ni a él ni a Katja, con desdén, a la menor oportunidad, por supuesto para regocijo de Bogdan. El ominoso ambiente se volvía cada vez más opresivo, criados y mortales sentían la tormenta acercándose, como el ganado cuando los lobos están cerca. Cuatro vástagos constreñidos entre muros de piedra, emponzoñándose, destilando décadas de tensiones reprimidas y rencillas filiales.

Jaroslav en Zulo


A pesar del control que Janosz ejercía sobre su chiquilla, Katja por fin había encontrado una forma de atenuar el vínculo que la ataba a su Sire, aunque no podía romperlo del todo, si debilitarlo lo suficiente para escapar de su opresiva influencia.
Una aciaga velada, sentados frente a frente, Katja, soportando las burlas de Bogdan y los menosprecios de Janosz, no pudo contenerse más y estalló atacando por sorpresa consiguiendo herir a Janosz, antes de que este pudiese devolver el ataque.

Bogdan, tampoco fue capaz de reaccionar y herido trató de ayudar desesperadamente a su Sire. Mientras Katja doblegaba e intentaba diabolizar a su Sire, Jaroslav y Bogdan, convertidos en Zulos, cargaron mutuamente enfrentados en un combate sin cuartel.

Criados y guardias que acudían en ayuda de su Señor eran descuartizados, transformados en armas por mor de la Vicisitud o simplemente utilizados como sacos de sangre para recuperar fuerzas.

Al final de la noche, Bogdan, herido, debe de huir mientras que Katja, tras haber diabolizado por fin a Janosz, entra en un frenesí que la lleva a acabar con la vida de cualquier ser vivo en el castillo, momento en el que se sume en un sopor imperturbable.

 

Katja la maldita

“Con los lúgubres muros vacíos de cualquier rastro de vida, me siento caer en la oscuridad, la voz de Janosz resuena dentro de mí. Inconscientemente se que Jaroslav me deposita en el ataúd de Janosz, un sarcófago labrado con demoníacas imágenes y escrituras prohibidas, mágicamente protegido contra la luz solar y los extraños curiosos. Y sin saber a dónde, soy consciente de que nos alejamos de estas tierras dónde he morado estos dos siglos.”

“Siento que mi chiquillo trata de comunicarse conmigo. No soy capaz de entender sus palabras. Tampoco sé si su voz me llega de forma mística o si me las susurra al oído. Solo sé que es él y casi soy capaz de entenderlas, pero cuando creo que estoy a punto de conseguirlo me vuelvo a sumergir en la negrura que me rodea.”

“También siento a otros hablando, moviéndose, conspirando. Hay un ser extremadamente poderoso que hace que mi bestia interior se remueva. Otros son como un soplo, quizás ghoules o criados…”

“Una noche cualquiera, un dolor lacerante atraviesa mi corazón, siento como si estuviese abrasándome, quemándome viva, pero lentamente soy consciente de que no soy yo la que arde en llamas, es ¡Jaroslav! Mi adorado chiquillo abandona su no-vida tras una terrible agonía. Algo se rompe en mi interior. Una cascada de frío fuego abrasa todo mi ser, quemándome cómo las llamas a Jaroslav, inundándome con una rabia ardiente, y entonces… ¡abro los ojos!”

 

Katja maldita por Janosz